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miércoles, 23 de diciembre de 2009

Cine del último semestre. La opinión del blog

Para los que no las hayáis visto. Para los que queráis opinar tambien. Me la jugaré poniendo mi personal puntuación de 1 a 10. Cine siempre presente en este blog.

"Celda 211" de Daniel Monzón. Buena película de un género inusual en el cine español: el carcelario. Un tema que se presta al drama de lo inevitable, a los arquetipos humanos en el límite de lo tolerable. Marginales, antihéroes que son fuertes de pura debilidad. Extraordinario Luis Tosar en la mejor interpretación del año en el cine español. Sólo un comentario: hay películas en las que los personajes crecen en armonía con la historia que protagonizan y hay otras en las que la historia está al servicio de los personajes para hacerlos fascinantes. Las excelentes para mí son las primeras. Las segundas sólo pueden ser buenas. Dejan un rastro de impostura en situaciones forzadas para hacer posible el crecimiento de los personajes. Llevan a claras lagunas en el guión. Celda 211 es de las segundas. Buen cine de acción en todo caso. No es a mi juicio una película redonda, pero nadie debe perdérsela. (7)

"Buscando a Eric" de Ken Loach. Del drama realista que busca agitar la conciencia de la sociedad contemporánea - "Mi nombre es Joe"- a este cuento de hadas o de ángeles custodio en forma de ídolo futbolístico. Sobre la vida de un modesto cartero de Manchester se trenza una historia de amor, miedo, incomunicación, amistad y sueños. Temas universales habituales en Loach, que en este film se despliegan con sencillez, limpieza y ese humor ácido típicamente inglés que a algunos nos gusta tanto. Ternura a raudales con un toque políticamente correcto, inhabitual en Ken Loach pero al que también tiene derecho. Magnífica, sobre todo si te gusta el futbol. Aunque como a mí, Eric Cantona no te cayera especialmente simpático. (7.5)

"Triage" de Danis Tanovic. Dura historia del autor de la más interesante que ésta "En tierra de nadie". También, como en ella, habla de la intolerable guerra. En este caso sobre la toma de decisiones sobre la vida y la muerte de los soldados que el “triage” médico se ve obligado a tomar en momentos extremos. Explendorosa Paz Vega, como siempre voluptuosa atrayendo a la cámara sin hacer nada especial para conseguirlo. Un acercamiento al sindrome postraumático que un especial parapsiquiatra con cara de Drácula, llamado Christopher Lee, efectúa con su habitual grandilocuencia pero con gran efectividad. Nada del otro mundo pero se deja ver. (5.5)

"El baile de la Victoria" de Fernando Trueba. Un tipo que me cae tan bien que voy a sus películas con todo el deseo de que me gusten. Sobre todo después de "Belle Epoque". Pero de nuevo, como me paso en "El embrujo de Sanghai", me parece una película fallida. Trueba intenta de nuevo un lenguaje cinematográfico que incluya el lirismo. Que trascienda la historia. Es difícil conseguirlo y él de nuevo no ha sido capaz de conseguirlo. La historia y los personajes lo tienen todo: valores, dolor, alegría, honestidad, humor... pero nada parece emocionar ni resultar coherente en su conjunto. Mezcla realidad con simbolismo, flash-backs... y una cosa estropea la otra. Una pena. Trueba no debería obsesionarse en buscar caminos complicados para alcanzar la excelencia. Para ello bastaría con un guión honesto y profundo. Él es capaz de poner el resto sin necesidad de buscar florituras. En cualquier caso y como siempre, excelente la banda sonora y sobre todo Ricardo Darín, que no puede estar mejor en todas sus últimas interpretaciones. También se disfruta de algunas vistas de la ciudad de Santiago de Chile, pero hasta en eso la película podría dar algo más de lo que da. (6)

"Agora" de Alejandro Amenábar. De obligada asistencia. No es un diez, pero alcanza un notable alto. Lo ambicioso de la propuesta, las expectativas que genera una nueva película de este consagrado director, sobre todo si la apuesta es de esta envergadura, se lo ponen muy difícil para alcanzar el nivel pretendido. Y no alcanzarlo con claridad puede que tenga un cierto gusto a fracaso. A mi me parece irreprochable en el ritmo y la estructura narrativa. Está pensada, trabajada y rodada de forma magnífica. Nos introduce en un periodo de la historia tan fascinante y desconocido que llama a las puertas de nuestra curiosidad. Sobre el personaje de Hypatia han corrido ya ríos de tinta... Todo esto ya es un logro que justifica el riesgo asumido y el gran trabajo de Amenábar. Pero es demasiado lo que pretende. La película se maneja en cuatro niveles. 1) el de los temas universales: la honestidad, el fanatismo, las convicciones...; 2) el de la aproximación a la ciencia en sus orígenes, a la astronomía, a la irresistible atracción del conocimiento…; 3) el del drama de la destrucción de una ciudad mítica en una terrible encrucijada de su historia; 4) el de unos personajes que aman, sufren y mueren. Demasiado para una único film que sólo puede abarcar tantos mensajes en pinceladas puntuales, hermosas pero insuficientes. Por eso resulta fría. La inmensidad del escenario no permite al espectador acercarse a los personajes, sentir su dolor, explicarse su amor, la contención en sus emociones... Falta calor en la piel de la inmensa Rachel Weisz. No alcanzas a comprender la conversión al fanatismo cristiano de sus dos discípulos enamorados... No hay tiempo para ahondar en la fascinación por las estrellas, por la elipse que Hypatia propone, faltan claves históricas esenciales... No alcanza a ser la gran película que Amenábar ambicionó, pero lo intenta honestamente y eso merece un aplauso. Un notable alto, que para sí lo quisieran muchos. (8)

"Malditos bastardos" de Quentin Tarantino. Muy buena. Dos partes antológicas y una tercera para reescribir la historia al estilo del autor, libre, creativo, lleno de guiños cinéfilos y de un caos premeditado en el que se mueve como pez en el agua. Pero me quedo sobre todo con los diálogos de mesa, intensos, dramáticos, inteligentes... Con ese gusto de Tarantino por el lenguaje como máscara y la imagen como identidad. Por eso logra personajes inolvidables como el de Hans Landa (Christoph Waltz), el inteligente oficial alemán, cuyo final es el adecuado a su misma identidad visual. O el de la chica judía (creo que es Mélanie Laurent), guapísima, cuya mirada y sus primeros planos reflejan el coraje y la determinación en estado puro. Excelente el guión que consigue enhebrar poco a poco la trama hasta desembocar en una sucesión de encuentros en el climax final. Gran ritmo narrativo que garantiza la atención en toda esta película que en el fondo es un homenaje al séptimo arte, sobre todo a su desconocida precursora de los años setenta "The Inglorious Bastards". (8.5)

"El secreto de sus ojos" de Juan José Campanella. Un film con excelentes críticas, entre ellas una particularmente apasionada de Carlos Boyero. Do s actores que lo bordan: Darín y Soledad Villamil, buenos primeros planos, voces sugestivas en segunda línea... Pero, para mí, falla el guión. Es demasiado arrítmico y lento para una película policíaca en esencia. Los diálogos, por muy argentino que sea el entorno, son retóricos e impostados (esas ironías, esa discursividad no cuadran en un lenguaje que se vende como espontáneo). Apenas se profundiza en los personajes y hay situaciones efectistas pero claramente falsas: ¿por qué razón el amor no puede desarrollarse hasta que Darin confirma la coherencia de Morales? ¿Por qué su vivencia le resulta tan simbólica y necesaria? Lo mejor: la intrahistoria de amor contenido. Pero como me ocurrió en el resto de sus películas, incluida "El hijo de la novia", encuentro efectismo y arquetipos (la amistad con el borracho, el bueno y los malos, el antiheroe...) donde debería haber hondura y honradez. Igual es cosa mía pero no me convence Campanella. Y esta vez iba predispuesto positivamente. (6)

"Anticristo" de Lars Von Trier. Brillante. La fuerza de las escenas y las imágenes, la excelencia formal, la entrega absoluta de los 2 actores, la recuperación de la cámara lenta como una herramienta estética más... la convierten en una de las mejores películas de Von Trier. Por encima de la aparente provocación o del rechazo que pueda suscitar el cine de autor y sus excesos, se trata de un film que busca la excelencia trabajando hasta el detalle, siendo sincero y valiente y contando con dos actores completamente entregados en una extraordinaria y seguramente dolorosa interpretación. (9)

"Still Walking" (Aruitemo, aruitemo) de Kore Eda. Cine inmenso, plácido, sereno, aparentemente sencillo pero de una increíble hondura. La familia, los resquemores, los afectos, aquello que uno quiso decir y no dijo. La palabra que no se encontró a tiempo, ese llegar siempre un poco tarde a descubrir y expresar las emociones. El río de la vida que no cambia pero fluye, tranquiliza y nutre incluso hasta después de haberse secado. (9)

"Enemigos públicos", de Michael Mann. La historia de John Dillinger, un gangster con corazón de Robin Hood. Un tema muchas veces tratado en el cine. En esta ocasión con un ritmo, textura y cuidado excelentes. Cine de calidad, en suma. Bonita historia de amor entrelazada, guiños al Hollywood de la primera época y una excelente frase de Dillinger a su novia, guardarropa de un garito: "cuando ellos te miran (los ricos) sólo se fijan en "de dónde vienes", nunca "a donde vas"; por eso se equivocan." (7.5)

"Frozen river" de Courtney Hunt. Una "opera prima" del cine independiente de EEUU. Rodada con un video digital por menos de un millón de euros. No es una obra maestra, pero nos trae a los ojos con honradez narrativa la pobreza en el país más rico de la tierra, la inmigración ilegal y la lucha por la supervivencia de dos madres coraje. Situada en un entorno natural duro, austero, de una extraña belleza. Merece la pena. (7.5)

lunes, 24 de agosto de 2009

Japoneses


Fue en los tebeos –todavía no se llamaban comics- de Hazañas Bélicas donde los niños de mi generación supimos de ellos por primera vez: segunda guerra mundial, “kamikazes” de la aviación nipona, pelotones de soldados que bayoneta en mano se lanzan contra los heroicos americanos y mueren sin alcanzar nunca su objetivo... En resumen, un atajo de locos, perdedores y malos.
Años más tarde, con la llegada del turismo, los japoneses fueron esos individuos pequeños, disciplinados y obedientes que, siempre en grupos numerosos, bajaban del autobús con la cámara de fotos ya preparada, siguiendo a un guía del mismo aspecto con un paraguas de color como señuelo. Indistinguibles los unos de los otros. Por aquel entonces, de malos pasaron a ser raros y excéntricos.
En los albores de la democracia, en plena época del destape, llegó a España, aún clandestinamente, “El imperio de los sentidos” de Oshima. Distinta a los bodrios del momento, fue la primera película erótica seria que muchos vimos: sexo explícito en las fronteras del amor y la locura. Una bomba en el festival de Cannes y el comienzo de mi fascinación por un Japón ya más enigmático que excéntrico. Fascinación que, poco tiempo después, se incrementó al descubrir a Kurosawa con “Dersu Uzala”, en el más bello canto a la naturaleza y la amistad que el cine nos ha dejado.
Con los ochenta llegaron las Yamaha, el manga y las consolas de videojuegos. Los japoneses como paradigma de la modernidad: tecnología punta, grandes ciudades, enormes anuncios de neón, autovías con múltiples carriles, trenes de alta velocidad… El país del sol naciente mostraba su cara admirable, pulcra, precisa. Se convirtió en el ejemplo a imitar para una nación como la nuestra que aspiraba a ser de las primeras de la clase. Años de imagen potente, pero fría y distante.
Ya en los noventa y más aún en los pocos años que llevamos de nuevo siglo, Japón se ha acercado a nuestros ojos con nuevos escritores, poetas y cineastas que logran conjugar la riqueza de su tradición con esa explosión de modernidad que su país ha experimentado. En “Tokio blues”, Murakami relata la dura travesía hasta la madurez de un joven estudiante de finales de los sesenta, explorando al tiempo sensaciones básicas, buscando la imagen en la palabra, destilando del trepidante ritmo de la gran ciudad el olor del jardín que resiste entre los rascacielos, el color de las flores, el sereno e inmutable paso de las estaciones… En Kawasata, Ozu, Kore-eda… las diferentes expresiones culturales del Japón actual coinciden en abordar de nuevo los grandes temas universales: la muerte, la familia, el dolor de la ausencia, los enigmas de la existencia…, pero desde la calma, el orden, las pequeñas cosas, la comida, la música... En sus libros y en su cine nos proponen recuperar la lírica de lo cotidiano, las pasiones contenidas, la ironía del drama y la acidez de la comedia. Son como la cocina japonesa, plena de detalles, de ceremonia, de colores y sabores rotundos. Como los Haiku, quintaesencias de 3 versos con 5, 7 y 5 sílabas.
Estos son los japoneses que ahora no me parecen ni malos ni excéntricos sino cercanos, sensibles y más interesantes que la creciente vulgaridad que últimamente asola a la vieja Europa.