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martes, 1 de diciembre de 2009

Nucleares, sí

No me he equivocado en la afirmación. Del mismo modo que en su momento dije no, ahora digo sí con la misma convicción.
Hace años el rechazo a las centrales nucleares era un auténtico axioma de la izquierda y un motivo de reafirmación ideológica. "Nucleares no", fue un lema repetido en manifestaciones, pintadas y canciones de muchos “cantautores” de aquella época. Aún recuerdo conciertos en la facultad en los que se oían estribillos como: “que no se sepa, que no se note, que las centrales llevan bigote…” Lo nuclear, más allá de la cuestión ecologista, se veía como un buen modo de hacer negocio para los poderosos a costa de la seguridad y la salud de los ciudadanos comunes. Accidentes graves como Chernobil vinieron a dar la razón a cuantos clamábamos contra ese tipo de energía.
La cuestión es que aquel mensaje caló en la ciudadanía y hoy, aunque las circunstancias han cambiado mucho y nadie cuestiona la gran seguridad de las modernas centrales nucleares, persiste un importante rechazo social en España, base de su escasa implantación. Por eso es necesario cuestionarse algunos viejos postulados y desde el libre pensamiento alejado de consignas ideológicas o políticas, modificar publicamente lo que se considere conveniente para el mundo en que a uno le toca vivir. Por eso hoy digo sí a las nucleares. Si alguna duda me quedaba, ya no la tengo despues de escuchar la excelente y didáctica conferencia que hace dos lunes impartió en el Ateneo, Lucila Izquierdo del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat).
Hoy en día, uno de los más graves problemas de la humanidad es el cambio climático, consecuencia de la emisión de gases con efecto invernadero. El brutal consumo energético de los paises avanzados -y ahora tambien de los llamados emergentes-, basado fundamentalmente en el petroleo, el gas y el carbón, amenaza con graves dificultades para nuestro planeta en un breve espacio de tiempo. Por ello, si queremos evitar que nuestros hijos y nietos hereden un planeta degradado, debemos reducir el uso de esas contaminantes fuentes de energía y optar por otras alternativas. En resumen, sólo hay dos: las renovables (eólica, solar…) y la nuclear. Tenemos, por tanto, que modificar nuestra cesta energética incluyéndolas cuanto antes y en la mayor medida posible. Por desgracia, las energías renovables, en las que nuestro país ejerce un liderazgo mundial en investigación y desarrollo, tardarán aún muchos años en poder resolver por sí solas los grandes y crecientes requerimientos de la humanidad. En España, dada su gran dependencia energética, el problema es todavía más grave. Por eso no podemos prescindir de las nucleares sólo por el rechazo social que todos debemos contribuir responsablemente a reducir.
Por supuesto que hay otras medidas a tomar, de tanto calado y más recorrido. Habrá que fomentar la conciencia ecológica de los ciudadanos y propiciar los obligados cambios culturales y de estilo de vida sin los que el planeta no es sostenible. También es necesario ahondar en la eficiencia energética apostando por nuevas tecnologias en la construcción de edificios y vehículos. Claro que esto es lo más importante. Pero el tiempo apremia y a día de hoy es esencial alcanzar un pacto energético que incluya un marco regulatorio definido y definitivo –blindado a los avatares políticos- para las empresas que quieran construir centrales nucleares. Nada les impide hacerlo -el sector ya hace años que está liberalizado-, pero en España la incertidumbre les disuade. En Francia llevan tiempo construyéndolas porque tienen una normativa estable que lo facilita. No hay razones objetivas que lo desaconsejen.
Por encima del corto plazo y los lugares comunes ideológicos está el interés de los ciudadanos y el futuro de la humanidad que parece nadie se toma en serio. Aquí, nucleares si. Veremos lo que pasa en Copenhague.
Como complemento a esta entrada, os recomiendo el artículo del sábado 28/N en El País "España no podrá consumir toda la energía renovable que produce", en el que se describe la limitación en el almacenamiento de este tipo de energías en este momento. En cuatro años se desperdiciaría la misma energía que una nuclear produce en 40 días.
Por eso sólo nos queda, si queremos reducir emisiones de CO2: a) consumir menos; b) complementar las renovables con nucleares. No hay otra. Lo demás es seguir con petroleo, gas, carbón o biomasa: o sea profundizar el cambio climático. Algo mucho peor, hoy en día, que el riesgo de las nucleares. En cualquier caso me interesan mucho vuestras opiniones en este controvertido tema.
Para añadir más datos que ilustran sobre la urgencia en las decisiones para luchar contra el cambio climático y la inconveniencia de mantener, en el contexto de esa lucha, posturas clásicas que se nutren más en lo ideológico que en otra cosa, leed los drámaticos reportajes de El País en esta semana. 1) "Dios se enfadó. Por eso no llueve": Africa muere de sed. 2)"El pulmón del mundo enferma": el Amazonas es un vertedero de peces. 3) "España se reseca". ¡Ya no hay tiempo y ninguna alternativa no contaminante que esté hoy a nuestra disposición puede ser responsablemente desechada!