Se nos ha muerto el mar
que es nuestro padre.
Crueles cuchillos negros se han clavado
en su cuello de espuma.
Se nos ha muerto el mar
entre el silencio
de los pájaros muertos,
nacidos en el mar, hermanos nuestros.
Se nos ha muerto el mar
y el grito de nunca más
no es suficiente
para vengar su muerte.
Se nos ha muerto el mar
y el asesino
huye y se oculta ;
pero sabemos quien es,
ya lo sabemos.
Se nos ha muerto el mar,
que es como el cielo,
como la tierra, como el aire,
como la sangre azul de marineros.
Y debe haber venganza,
debe haberla,
para los huérfanos del mar,
el padre nuestro.
En recuerdo de aquella Galicia que recuperó su dignidad y se enfrentó en las calles a los que creyeron que manipular la información y ocultar las decisiones erróneas, les saldría gratis.
Los perros que, esos tristes días, ladramos nuestro dolor por las esquinas -molestando a aquel gobierno de prepotentes- y limpiamos las playas y las rocas, están en este poema.
Con el desprecio aún intacto por Alvarez Cascos ("asesino" del mar de Galicia), Aznar y sus acólitos -residuos sociopolíticos de la dictadura franquista, aún tristemente presentes en nuestra vida política-, hago esta entrada en el blog de todos los Noviembres que desde entonces fueron y serán.