domingo, 21 de abril de 2013

Nuñez Feijóo: unas fotos nada más.


Para algunos como yo, estas fotos -por cierto, ¿no había nadie entonces que le extendiera la crema solar a Alberto?- no aportan nada nuevo al personaje de Feijóo. Hace tiempo que sabemos de su condición grouchomarxista: "estos son mis principios; si no le gustan tengo otros". Por eso las fotos sólo nos demuestran que ya en su "juventud" era así. Una vida dedicada al exito a costa de lo que sea. Si hay que ser amigo de un contrabandista se es, si toca codearse con el Opus, también. Y si hubieran sido el PSOE, la Comisión Episcopal o el Celta de Vigo  los que le ofrecían una escalera de garantía para subir a la grupa, ahí Alberto habría estado si su buen ojo los contemplaba como caballos ganadores. 
Nuñez es el prototipo galaico de la postmoderrnidad: ni convicciones, ni compromiso más allá del necesario para alcanzar lo que se ambiciona. Individualismo puro y duro con el éxito como único horizonte. Ese es el presidente que tenemos. El que los gallegos hemos elegido, quizás por que nos ha engañado, o quizás porque, como él, valoramos muy poco la coherencia, la decencia, la ética... Ese es el modelo que proponemos a nuestros hijos al hacerlo presidente y al permitir ahora que lo siga siendo. Ese es el estilo de vida a imitar, tragando lo que toque para labrarse un futuro brillante... Ese es el líder al que no se le cae la cara de vergüenza y se va haciendo mutis por el foro al ser pillado in fraganti en una situación, como mínimo, paralela a aquella que utilizó para alcanzar el poder, demonizando y desprestigiando a los que en él estaban. 
Así que las fotos no son más que eso: un dato más en una trayectoria tan obvia como eficaz. Me da igual si Feijóo sabía o no quien era Dorado, si hubo o no después relaciones económicas o políticas con él... Si estuvo en Andorra de gorra... o en los Picos de Europa. La pregunta es si seguimos o no aceptando la humillación de tener a un presidente para el que el fin justifica los medios y la mentira no es más que una herramienta política de trabajo como cualquier otra.
Un cínico postmoderno, capaz de rasgarse las vestiduras -dando lecciones de moral victoriana innegociable- por otras fotos, las de Anxo Quintana -en la inolvidable, terrible y sucia campaña electoral del PP en 2009-, sabiendo que tenía este cadáver escondido en su armario. Y ahora, con el ojo lleno de la viga que afeó al contrario, supurando de incoherencia, quedarse tan tranquilo esperando a que escampe con la indignidad maquillada en el rostro.
Son innumerables los ejemplos de Alberto Nuñez vendiendo humo, jugando a la excelencia política, pasándose de listo, contando milongas que el viento se lleva al día siguiente. Está Feijóo tan acostumbrado a que la salgan bien las jugadas, a la gratuidad de la media verdad edulcorada, al patológico olvido temprano de los gallegos, a la memoria que se pierde al doblar la esquina..., que cree que "ésto" sólo es un accidente que quedará pronto amortizado en el barroco escenario de la crisis, con una oposición desnortada y dispersa y una sociedad deprimida e indignada a la que nadie ofrece un proyecto creíble de esperanza. Aunque supongo sabe bien que este lío "de las fotos y ahora", es un fuego distinto a otros que ya ha apagado, un fuego "amigo" de algún compañero de partido hasta los cojones de aguantar al que siempre juega a ser el más listo de la clase.
Para acabar me quedo con la frase del más viejo del curso político, del más sincero, del que aún a pesar de los años, conserva en su corazón la pasión de los valores y la dignidad de una vida dedicada a la lucha por un mundo mejor. Me quedo con Beiras llorando de rabia en el Parlamento de Galicia. "Usted es la indecencia hecha persona, desprecia la ética por la ambición de un poder débil, hueco y vacío de contenido, que sólo vale para su su propio narcisismo vanidoso...".
A mí también me da "noxo", tener un presidente tan viscoso, tan indigno. Espero que los gallegos salgamos del letargo y no le votemos nunca más, si tiene, como creo tendrá, la desfachatez de volver a presentarse. Ni un sólo voto merece esta manera de andar por el mundo, tragando sapos que cada vez salen más por la boca. Habrá un tiempo en el que ya no tendrá amigos y todo el mundo evitará, como al principio de su fulgurante carrera, extenderle la crema para que el sol no le queme. Porque ya estará quemado. Esa será, sin duda, la otra cara de la falsa moneda del Sr. Nuñez. La verdadera.

Lecturas recomendadas:
"Cinco instantes dunha vida". Un recorrido feijoniano de Pablo Vaamonde.
Parte de la intervención de José Manuel Beiras en el Parlamento de Galicia.

domingo, 7 de abril de 2013

El mejor cine de 2012 (más allá de los Oscar)


"Más allá de las colinas" de Cristian Mungiu, autor también de la magnífica "4 meses, 3 semanas y 2 días" que, en 2007, se llevó la Palma de Oro de Cannes. El director de mayor talento del nuevo cine rumano, demasiado poco conocido si nos atenemos a su valor cinematográfico. "Más allá de las colinas" es un guión adaptado de las novelas de Tatiana Nicolescu Bran, basadas en un hecho real ocurrido en el año 2005 en el monasterio de Tanacu (Rumania). El film está ambientado en una comunidad-convento ortodoxo en el que el tiempo parece haberse detenido siglos atrás.
Es una historia tremenda que resume en sí misma los temas universales del cine y la literatura: el amor, la amistad, el bien y el mal, la religión, la libertad...
Y lo hace con una imagen poderosa, profunda, de una textura especial capaz de vincular a la perfección el color, la cámara y la palabra. Con una luz purísima que obliga al espectador a doblegarse al relato, al tránsito de desvalidos personajes, al destino inevitable, al dolor del pecado, a la humanidad de la duda... Serena e implacable, transcurre toda ella en el ámbito de la conciencia, sin juicios de valor, con las vísceras encogidas en escenas y planos fijos que por momentos transmiten una ternura infinita y en otros aproximan de forma tan natural a la locura colectiva que sitúan al espectador en medio del drama, como un voyeur paralizado por el dolor histórico que se abate sobre el monasterio. Un dolor secular que tantos seres humanos, empujados por la ignorancia y la pobreza, han sufrido en aras de la fe y del Dios feroz e insaciable que exorciza y crucifica a los libres de corazón. 
Es una película pictórica, una sucesión de cuadros antiguos que finaliza con un plano en negro, para recordar que por mucho que creamos haber dejado atrás la barbarie, ésta volverá cuando menos lo esperemos. Original, dura y brillante. Un 9 largo.


"Las sesiones" de Ben Lewin. Mucho mejor para mí que "Intocable". Con el mismo tema de fondo: la discapacidad, la felicidad y la vida. Pero más honesta, menos previsible y más sutil. Inspirada en un artículo -"On Seeing a Sex Surrogate"- publicado por Mark O´Brien en la revista literaria The Sun, en el que describía sus sesiones de aprendizaje con una terapeuta sexual, intentando experimentar el tipo de relaciones íntimas y estables que los varones "normales" mantienen con las mujeres. En otras palabras, perder a sus 38 años, con seguridad y tino, la virginidad a la que la polio y el pulmón de acero al que está encadenado durante la mayor parte del día, le han abocado aparentemente sin remedio.
Quizás por el hecho de que el propio Lewin contrajo de niño la poliomielitis, el guión rezuma cariño y cuida al personaje de Mark con un mimo inmenso. De tal manera que resulta delicioso y conmovedor. Pleno de inteligencia, chispa, poesía y honestidad. Abordando un tema tan difícil como el sexo y la discapacidad . Desde la naturalidad, la ironía, la elegancia, el optimismo y el humor. Extraordinaria la capacidad para seducir a las mujeres -y a los hombres- de este parapléjico ilustrado que convierte, con su gran sentido y sensibilidad, la habitual compasión y empatía -desde la superioridad física- que este tipo de personajes inducen en el espectador, en verdadera y sentida admiración. Y que consigue acercarnos sin aspavientos al temor, a la ilusión y a la esperanza que sus "sesiones" le producen. Magnifica Helent Hunt, tan segura de sí misma vestida como desnuda, tocada inesperadamente por el impacto emocional que el encuentro con un ser humano tan singular como Mark, le produce. Un impacto emocional, al que sin temor a equivocarnos, también podríamos llamar amor. Contenido sin duda, pero amor al fin y al cabo. Deliciosa, repito. Otro 9 largo.



"Profesor Lazhar" de Philippe Falardeau. Escuela y civilización. Siguiendo la fecunda producción del cine francófono en este género: "La piel dura" de Truffaut, "Hoy empieza todo" de Tavernier, "Los chicos del coro"... El aula como espejo de la vida, del miedo, del rechazo, del encuentro... Partiendo, en este caso, del inexplicable suicidio de una profesora y de una extraña conspiración de silencio que traza tabiques de soledad entre los niños, loas profesores y las familias de una sociedad decadente. Donde el contacto, el abrazo, la colleja... están prohibidos. Donde la distancia se enseña y se aprende. 
Y a ese adverso escenario llega por casualidad -o por exclusión-, un inmigrante sabio, un exiliado procedente de una  tradición milenaria de tolerancia y mestizaje. Para llenar de preguntas las respuestas, para estar disponible y dispuesto a traspasar las fronteras del estricto cumplimiento de la obligación profesional. El profesor Lazhar aprende mientras enseña y en su propio aprendizaje encuentra el hilo para desenredar la madeja de la desconfianza y el miedo. Para recuperar la cultura del esfuerzo y la superación. En su conjunto, la película constituye toda una reflexión contemporánea sobre la educación, los métodos de enseñanza, las claves para retomar el rumbo perdido en la sociedad postmoderna. Un relato lleno de sutilezas, con un personaje infantil deslumbrante de enormes ojos y mirada profunda: Sophie Nélise. Capaces por si solas de superar los lugares comunes que con frecuencia invaden las historias que suceden en la escuela. Cine y pedagogía. Un holgado 8.5. 

martes, 12 de marzo de 2013

Marga Martin


Marga está en el Concello de Ourense para mejorar la vida de la gente. Siempre ha sido ese su objetivo en la política y en el trabajo. Desde la empatía, la compasión y la solidaridad con los demás. Con los valores del progreso y la civilización. Así es Marga, limpia y honesta. Tenaz y sencilla. Nada personal ha buscado nunca. Ni dinero ni notoriedad ni poder ni gloria. Por eso es tan injusto lo que le está pasando. Lo que le están haciendo. ¡Qué fácil es denunciar, criticar, destruir... vanagloriándose de tener "las manos limpias" -yo añadiría que ociosas y escondidas en el bolsillo de la maledicencia- cuando no se hace nada más que eso: escudriñar, poner la lupa, crecer llenando de fango el escenario! 
Cuando la energía no se utiliza en hacer cosas positivas para el prójimo, sino en destruir, intoxicar, hacer de la apoteosis televisada de la desconfianza permanente el único valor moral imperante..., la labor social se tambalea y la política pierde su sentido. Ya no merece la pena dedicarle ni un minuto más. ¡Cuantas ganas tendrá Marga de decirle a esos profesionales de la cizaña y la ruindad que, a solas, nunca miran a los ojos: "ponte tu a trabajar, a mojarte en cada decisión que tomes, sabiendo que otros miran cada letra, cada pisada tuya, para darte en la cabeza al más mínimo fallo (triste ocupación la suya)...; ahora me toca a mí -después de muchos años de trabajo gratuito y desinteresado- estar al otro lado de la barrera y acusar sin coste alguno por cuanta paja -pequeña, grande o mediopensionista- te encuentre en el ojo! ¡No Marga, tu no sabrías hacerlo, esa no ha sido nunca ni jamás será tu batalla!
Llegan malos tiempos para los ancianos de las ciudades y los pueblos, para los inmigrantes, los transeúntes, los discapacitados... Se acercan días en los que nadie firmará por ellos, en los que nadie se pillará los dedos ante las iletradas tijeras de Inquisiciones postmodernas con púlpitos televisados grises y cobardes. Jaleadas por la gratuita toxicidad del "todos son iguales". Pronto vendrá de nuevo la era del "sálvese quién pueda", de la ley de la selva... Lo malo es que nos va a pillar mayores. Tuya no será la culpa. Aguantaste firme en la penúltima trinchera. ¡Ánimo, Marga!

lunes, 4 de marzo de 2013

Más cine de Oscar 2012 (después de darlos)


"Argo" de Ben Affleck. Elegida por la Academia como la mejor película del año. Para nada. Es  entretenida, mantiene la tensión, se trata de una historia interesante, bien contada, los toques de humor son los justos... Pero poco más. No hay torturas, no hay sangre, no hay muertos... Todo es higiénico  y limpio, carente de emociones y de la más mínima complejidad. Incluyendo la plana interpretación del director y protagonista. Malos contra buenos, tontos contra listos. No se busca un relato histórico ni político, tampoco el acercamiento a la situación de unos seres humanos atrapados en una angustiosa refriega. Es puro entretenimiento a mayor gloria de Hollywood. Con 20 minutos finales llenos de tópicos mil veces repetidos en el cine comercial de acción: el buenísimo que se la juega por su cuenta, el coche que falla en el momento más inoportuno, el avión que logra despegar después de una rocambolesca e increíble peripecia que deja a los guardianes de la revolución como los más imbeciles del mundo... No me extraña que los iraníes hayan protestado no ya por la historia en sí, sino por presentarlos como ignorantes, fanáticos e inútiles. Al parecer están preparando una replica cinematográfica de "Argo" a la iraní financiada por la Organización para la Difusión de la Ideología Islámica que seguramente será aún más propagandista que la original. Una pena que los papeles descodificados por la CIA en 1997 sobre los rehenes en la crisis de la embajada americana en Teherán no hayan dado más juego. Un 6.5 pelado.


"Django desencadenado" de Quentin Tarantino. Talento, ingenio, desmesura, ritmo ... Un poco de todo en un spaghetti westerm con la esclavitud de fondo. Un nuevo festín visual de Tarantino que no deja de sorprender, estimular y cautivar al espectador que disfruta de la ironía, del humor ácido, del moderno surrealismo con el que este director inunda siempre la pantalla. Con historias y cuentos que siempre merece la pena escuchar y ver. Tarantino vuelve a dejar escenas inolvidables que justifican por si solas una película. Y ha encontrado un filón en Christoph Waltz, un anillo a la medida de su dedo. Diálogos de alta incorrección política, violencia descarrilada e incontenible que se reproduce a sí misma sin otra justificación que la de erigirse como un modelo estético de la era postmoderna. Trascendiendo con ello su significado y su significante. Tan libre y brillante como excesivamente larga. Con el pero de la repetición del esquema narrativo que utilizo en "Malditos bastardos": violencia creciente para preparar poco a poco el climax, en un final de fuegos artificiales que pierde su impacto sensorial por resultar demasiado previsible. Justo de lo que este director provocador huye como del demonio. Merecido oscar al mejor guión original y más merecido aún al mejor actor de reparto para el genial Christoph Waltz. Un 8 a la espera de la siguiente entrega.



"Lincoln" de Steven Spielberg. Una película que se pretende histórica para recuperar a un personaje enorme, complejo y fundamental para explicar un país también enorme y diverso. Un imperio que ha cambiado el mundo en los dos últimos siglos desde el poder y la fuerza pero también desde algunos valores, ahora compartidos por toda la humanidad. Que comenzaron a explicitarse desde la abolición de la esclavitud. De eso habla Spielberg, recreando la figura de Lincoln en sus tres últimos meses de vida, en lso que acaba la guerra de Secesión y se sustancia el abolicionismo. "Para que los más jóvenes entiendan y se interesen por su historia" afirma el director. Y yo creo que falla claramente en un relato barroco, desordenado, que se va haciendo aburrido conforme aparecen senadores, secretarios, políticos... mal presentados, de los que sólo se muestran pinceladas y quedan en un limbo ininteligible de dudas e interpretaciones simplistas. Todo en una atmósfera oscura y "tenebrista" a mayor gloria de la figura central. Demasiadas veces de espaldas, cargando con el peso del sufrimiento de sus compatiotras, envuelta en la enorme sombra de unos tiempos oscuros. Lo mejor, la aproximación al ser humano: la difícil relación con su esposa y su hijo. Y algunos momentos en los que aparece el ideal americano: la astucia mezclada con el idealismo, el pragmatismo junto a la capacidad de seducción, la cercanía y el profundo conocimiento de cuanto nos rodea... Cosas sueltas, un guión arritmico: ni una película histórica ni un retrato profundo de un personaje histórico... Ni siquiera me parece brillante la interpretación oscarizada de  Daniel Day-Lewis, mas pose que expresión. Las ha habido mucho mejores este año. Más menos que más, por tanto.  Un 7.


"Los miserables" de Tom Hooper. Una obra maestra de la literatura, el mejor retrato escrito del siglo XIX, la novela cumbre del romanticismo... es, por sí misma, una garantía de éxito. Asistir, con el formato que sea, al despliegue de temas universales que Victor Hugo hace en su paseo por las míseras calles del Paris postrevolucinario, es siempre emocionante. La oportunidad de tropezar con el honor, el amor, la justicia, la integridad, la compasión, la ternura... en las distintas escenas de este gran clásico que como tal perdura sin perder valor con el paso de los siglos, asegura de antemano el interés del gran público. Esto lo sabe Tom Hooper, como lo supo en "El discurso del rey", otra película de época con una historia que vendía por sí sola. Así que de nuevo, apuesta sobre seguro. Sin riesgo. Y le sale un musical correcto, en tramos brillante pero demasiado ampuloso, abusando para mí de las grandes panorámicas, de una cámara a veces mareante, de decorados excesivos... y que tiene sus mejores momentos en las pausas, en los primeros planos -extraordinarios los de Anne Hathaway con instantes de gran profundidad expresiva e intensidad dramática inolvidables-. Bien adaptada la música interpretada por los mismos actores. Excelentes detalles,  cuidado montaje, magnífico vestuario... Notable, a la espera de una obra más personal, en la que este talentoso director, actúe sin red. Un 8.

domingo, 24 de febrero de 2013

Cine de Oscar 2012 (antes de que los den)


"Zero Dark Thirty" de Kathryn Bigelow. Reabautizada en castellano como "La noche más oscura"; algunos dicen que en homenaje a San Juan de la Cruz. Se trata de una película con la envergadura narrativa, dramática y emocional de una novela histórica. Con un extraordinario trabajo previo de documentación, imposible sin la colaboración de la CIA, del mismo guionista que colaboró con Bigelow en "En tierra hostil". Un trabajo a medio camino entre el documental y la ficción que arrastra al espectador al centro de la trama, para mirarla desde dentro. A través de un complejo entramado de historias individuales, entre las que destaca la de la protagonista Jessica Chastain, con una intensidad y profundidad que transita desde la intemperie y el dolor hasta la gloria secreta, bordeando la neurosis obsesiva. 
No hay maniqueismo ni doctrina ni relato moral en la película. Es un retrato lleno de matices, luces y sombras que le dotan de una incontestable credibilidad. Sin manipulaciones emocionales que atraigan y edulcoren una historia dura y descarnada. Más allá de sí las torturas (interrogatorios "mejorados" les llama la CIA) fueran necesarias o no (tal como sostiene la administración Obama) para encontrar la pista que finalmente llevo hasta Bin Laden. 
No es una película contra la tortura, pero tampoco la justifica ni la deja de justificar. Es el retrato poderoso e incómodo del largo proceso para encontrar a Bin Laden, de una directora valiente que vuelve a demostrar una gran solvencia para hacer gran cine de la historia reciente, algo que de entrada parece extraordinariamente difícil. 
Por el retrato psicológico de los personajes, el manejo de las escenas de acción (algunas de alto riesgo como el asalto nocturno al bunker del yihadista), la intriga, la tensión narrativa... para mí se merece el oscar a la mejor dirección. Sólo una duda: si alguna vez se demuestra (lo que en estas historias siempre puede ocurrir) que los hechos narrados han sido manipulados interesadamente, el valor de la película se desvanecerá completamente. Por el momento, un rotundo 9.


"The master" de Paul Thomas Anderson. No es una película sobre la Cienciología. Ni siquiera te queda claro si la defiende o la ataca. Sólo la utiliza para acoger la batalla entre dos personajes radicales que representan los extremos en los que todos nos movemos: el superego inclemente, desalmado e insaciable y las pulsiones desatadas del imprevisible inconsciente. Un enfrentamiento fascinante protagonizado por dos actores inmensos: Joaquin Phoenix y Philip Seymour Hoffman. El primero: un sociópata borracho, veterano de guerra, violento y atormentado. El segundo: un megalómano carismático y manipulador, el líder de una iglesia nueva. Dos polos opuestos que se atraen, se nutren el uno del otro durante un tiempo y finalmente se separan para siempre. 
En "The master" es mucho más lo que se sugiere que lo que se muestra. Por eso gana mucho cuando la recuerdas, unas horas después de levantarte de la butaca. Está llena de elipsis tortuosas que te envuelven y te sorprenden continuamente, que te descolocan sin dejar de interesarte. Envueltas en una atmósfera perturbadora, en la que nada se subraya y lo superfluo no aparece. La presencia visual y gestual de los protagonistas, los largos planos que se les dedican, las conversaciones lentas y rotundas con la cámara fija en muchos casos... son suficientes para transmitir el combate universal que en la película se celebra.
Impresionante el dolor físico y la deformación corporal que el personaje de Phoenix contiene: la violencia de su autoexclusión social, su fatalismo estructural, la guerra interior que le corroe, el pecado original que le incapacita para disfrutar más allá de unos instantes de la paz y la serenidad.... Todo ello dibujado en su rostro desvariado. Y sin embargo..., él es finalmente el que de verdad se opone -desde el lugar más extremo y esencial de la conciencia; desde la libertad, la compasión y la ternura- a la falsedad y a la avaricia del charlatán que vende abrigos sin mangas a las conciencias culpables, deseosas de redimirse con palabras vacías por un puñado de dólares.
Magnifica la escenificación final de esa victoria, en el encuentro corporal, lleno de frescura y dignidad, con una mujer desconocida, quizás tan vulnerable como el propio Phoenix. Con la risa tonta de esa felicidad que se conoce inevitablemente efímera, pero que después de la batalla ganada o perdida, aparece más deseable que nunca. 
Compleja pero magnífica, merecedora del oscar a la mejor película y a las dos interpretaciones masculinas. Otro 9 largo.


"Amour" de Michael Haneke. Sí, su película más tierna. Pero también una obra mayor en la plenitud de un director soberbio. Rezumando precisión y ese sabor clásico que da la expresividad justa, la cámara en el lugar justo, con los movimientos justos. La historia de un amor limpio, cercano, civilizado. De un hombre y una mujer a los que el dolor se les cae encima, sin avisar. Y en el ocaso de sus vidas, plenas y serenas hasta ese momento, tienen que aprender, sin maestros que los dirijan, a afrontar un último e inesperado registro: el de la dependencia y la muerte. Y lo hacen con una dignidad encomiable. Como la que su director quisiera tener cuando le toque. Hay mucho de anuncio en "Amour". Por algo los cuadros de las paredes de la casa donde la acción transcurre, son de sus padres y él escoge la música que acompaña los días de ese amoroso matrimonio.
Con el que pretende implicarnos. Ya en la primera escena, es la pantalla la que mira al patio de butacas lleno de espectadores que esperan el comienzo del concierto. Y a continuación, en cada escena, Haneke, como siempre, nos interpela, nos incomoda, nos incita a empujar para acelerar el desenlace, para acabar con el desasosiego que nos impide descansar en la butaca... Para llegar al final que todos intuimos, que conocemos de antemano... Pero que no vendrá hasta que todos los territorios de la vida sean recorridos: la infancia, los recuerdos, las historias compartidas, las palabras nunca pronunciadas, el silencio que todo lo dice, el deterioro, los errores, la impotencia, la rebelión, la indignidad, los luminosos instantes de felicidad, la poesía de la cotidianidad, el aislamiento del resto del mundo que permite la innegociable intimidad que ese tramo de la vida necesita... Todo madura hasta que llega el momento cumbre, brillante, emocionante, eterno, sereno..., en el que el "Amour" de Haneke alcanza su plenitud. Un momento eterno que redime al espectador de todo el malestar sufrido en el resto de la película. Magnífico en esa escena -y en el resto del film- Jean Louis Trintignant. Yo diría que perfecto.
Haneke nunca da un respiro al espectador. Su personal manera de entender el cine, su modo de contar las cosas no se lo permite. Por eso, si un pero tiene para mí esta película es un tramo intermedio en el que nos suelta, nos deja libres e incluso a algunos les aburre. Es posible que sea un tramo necesario para alcanzar el excelso final al que he hecho referencia. O simplemente un efecto indeseado del profundo realismo de la obra. Para mí un 8.75 de obligada visita para el que no la haya visto aún.

Impunidad

El presidente del gobierno cree que somos tontos. Y puede que tenga razón. Su triunfal salida del debate sobre el estado de la nación, aplaudido durante varios minutos por los suyos, es una prueba de que la inmoralidad política se ha instalado ya entre nosotros. Y nadie parece capaz de impedirlo. 
Es cierto que el presidente, como un articulista afirmaba estos días, "si tiene quien le escriba". A diferencia del jefe de la oposición. Y que la táctica decidida es férrea y no admite ni matices ni reflexiones personales del "Grupo salvaje" en el que se ha convertido el PP y su gobierno. Ante la enésima pregunta de los periodistas sobre los sobresueldos de los dirigentes del partido y la oscura relación de Rajoy con Bárcenas, la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, ayer en la conferencia de prensa tras el consejo de ministros, evita de nuevo nombrar al innombrable y afirma: "el PP ya les ha informado". Y ante la insistencia de algunos periodistas (los de los medios "no afines" por supuesto), añade: "no puedo informar sobre este asunto".
"Ya se aburrirán", están convencidos de ello. Y es posible que tengan razón. La táctica establecida parte de ese supuesto. Los Arriola y "la cocina" del PP conocen y aprovechan la extrema volatilidad en la memoria inmediata de la opinión pública y el vertiginoso ritmo informativo en el que estamos inmersos. Un sustrato ideal para tapar la basura con medidas contra la corrupción futura sin el más mínimo comentario sobre su propia y actual corrupción.


Y para eso, para incentivar el aburrimiento de la sociedad, apoyados en la grave debilidad de la izquierda -que ya parece definitivamente herida de muerte haga lo que haga-, celebran el exconjuro de la Queimada pepera en el Debate: "no pronunciarás jamás el nombre de Bárcenas y la pesadilla se desvanecerá". El "principio de silenciación" que Goebbels desarrolló y, lamentablemente, se actualiza día a día en nuestra escena política.
Ninguna voluntad de limpieza, los movimientos dependen sólo de la presión mediática. El extesorero cobró hasta el día en que salieron los papeles (por cierto en un fraude laboral para taparle la boca; no se puede cotizar por el que no trabaja) y además ahora pedirá el finiquito, que se le pagará con nuestro dinero, el que con nuestros impuestos financia los partidos políticos. Hasta cabe la posibilidad de que después consiga cobrar el paro.
Excelente trabajo de propaganda, no hay duda. Magnifica "la cocina" del PP de nuevo: "estábamos al borde del abismo y ahora ya hemos sacado la cabeza". Ningún dato avala esta afirmación. Pero es lo mismo..., se acuña, se propaga en el momento oportuno con la necesaria insistencia y... a tragar para siempre. Definitivamente tontos.
Pero lo peor es que esto no acaba aquí. Esta táctica que consagra la inmoralidad política y la asume como método, asoma de nuevo la cara en el enigmático comienzo del discurso de Rajoy. Seis millones de parados, de ellos 1.2 millones inmigrantes... ¿Preparando la ingeniería contable para el final de la legislatura? 
Poco importan las personas, sólo vale el poder. Así no se puede seguir. Hay que acabar con la impunidad en la que Rajoy y el PP se están instalando, expulsándoles del gobierno cuanto antes. A no ser que seamos definitivamente tontos o "más mansos que las vacas" (Beiras dixit). 

domingo, 17 de febrero de 2013

Moción de censura y elecciones anticipadas

De mentira en mentira hasta la victoria final, que se alcanzara por aburrimiento o resignación del ciudadano -"no es el momento de entrar en enredos"-. Algo que lleva camino de ocurrir -"acabará escampando, llegarán los espías para salvarnos"- y que debe evitarse si no queremos caer por muchos años en una sociedad acrítica, desalmada, desnutrida y cobarde. Este es el actual modus operandi del partido gobernante y de su desacreditado líder. De aplicación en el caso Gürtel/ Bárcenas y en los que están por llegar: negar siempre, tergiversar, cambiar el foco a cuestiones colaterales que nada tienen que ver. Presentar declaraciones de  la renta (muy significativas, por su cuantía, de cuál es el motivo de estar en política de algunos) cuando lo que se pregunta es por dinero negro. Se trata sólo de justificar no la renta de nadie, sino la existencia o no de sueldos complementarios opacos, donaciones ilegales al partido, financiación irregular del PP... Decir que el finiquito del tesorero era un pacto que incluía el pago de las cotizaciones hasta Diciembre, para al día siguiente reconocer implícitamente que se mantenía la relación laboral plena con  Bárcenas hasta el estallido mediático del asunto... Reiterados insultos a la inteligencia. 
El hecho es que la palabra de Rajoy ya no vale nada. Su credibilidad es nula después de estas semanas de silencios cómplices y salidas de pata de banco. Ha perdido la capacidad de querellarse contra un tesorero definitivamente evasor fiscal y presumiblemente corrupto. Ha perdido también el poder de destituir a ministros claramente insostenibles como Ana Mato. Se ha instalado en una imposible huida hacia adelante, con la sombra de la sospecha y el chantaje empujando por detrás, salpicando, embarrando y desacreditando cuanto toca: el Parlamento ninguneado, los medios de comunicación contaminados, los jueces... Y todo porque está preso de su críptico modo de gobernar el PP, que ahora traslada al gobierno del país. Esta preso de sus silencios culpables y de sus medias verdades. Un país no puede confiar en un presidente así, si se tiene respeto a sí mismo.
No se trata, y este es el mayor trampantojo del decorado que nos presenta el PP, de recurrir a la presunción de inocencia y al veredicto final de los jueces. La información que estas semanas se ha hecho pública, con independencia de si los papeles del extesorero alcanzan o no la categoría de prueba judicial, tiene en su conjunto la suficiente consistencia y coherencia como para darle una presunción de veracidad que obligue a asumir responsabilidades políticas. Ninguna se ha asumido ni se asumirá, porque el PP sabe que hacerlo convertirá al partido en un castillo de naipes, al socaire de cualquier soplido del Bárcenas de turno. Que los tiene en abundancia.


Pero no es sólo Rajoy el sujeto de la tormenta de descrédito que se abate sobre los ocupantes de las instituciones más importantes del país. Es, entre otros, el conjunto del PP. Como el ex fiscal anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo ha afirmado en un reciente artículo titulado "Los proveedores del Partido Popular", "puede sostenerse fundadamente que estamos, después de conocer los papeles de Bárcenas, ante una Contabilidad o Caja B de ese partido, algo expresamente prohibido por la la ley y que refleja su financiación irregular, por lo que confluye con el objeto del proceso de la trama Gürtel. Siempre a través del abuso de las donaciones anónimas y de otras operaciones ilícitas acreditadas en dicho proceso." Por tanto no es suficiente, por mucha mayoría absoluta que tengan, con sustituir al actual presidente por otro miembro del partido. No resuelve el problema fundamental de credibilidad política.
Es la hora, por tanto, de la oposición, de la alternativa democrática. Que debe liderar el PSOE, en su condición de segundo partido más votado. Es necesario que se den, para evitar el desprestigio interno y externo de nuestras instituciones de gobierno, los pasos que la Constitución dispone para situaciones de grave deterioro y riesgo para el Estado democrático: la Moción de Censura y la petición de dimisión del Presidente actual con la consecuente convocatoria de elecciones anticipadas que deberían abrir prácticamente una suerte de nuevo proceso constituyente. Elecciones anticipadas con caras nuevas y en las que todas las fuerzas políticas puedan presentar a la ciudadanía sus compromisos de regeneración, los radicales cambios en la estructura de los partidos políticos y en la ley electoral indispensables para volver a confiar en la democracia, sus alternativas reales en política económica... Y todos los striptease organizativos e individuales que quieran. 
Es seguramente una decisión de riesgo. Pero no arriesgar, en la situación de imparable declive ético en la que vivimos, es traicionar al país. Y para el PSOE, ésta es una buena oportunidad de renacer de las cenizas de la crisis económica e institucional que en su momento no supo afrontar con la contundencia necesaria.

sábado, 9 de febrero de 2013

¿Más pruebas?

No hacen falta más. No es el ámbito jurídico en el que estas cuestiones deben delimitarse en primer término. Sobre todo por las maniobras dilatorias que nuestro "garantista" ordenamiento permite y que sitúan a cualquier juez en inferioridad de condiciones frente a los mejores despachos de abogados del país, cuya legítima labor es obstaculizar al máximo su labor y conseguir, por ejemplo, que los hechos prescriban. O al menos retrasar el procedimiento hasta la exasperación. Aquí sólo es posible juzgar asuntos en pocos meses, como ha hecho Francia con el caso Strauss-Kahn, si colusionan intereses juridico-políticos concordantes, lo que por suerte no suele ocurrir. Véase la obscena excepción de Garzón para confirmarlo.

De ahí, el cantado refugio del PP en los procesos judiciales que se sustancien -si finalmente lo hacen- en los casos Gürtel- Barcenas. Y que se traduce en burdas frases de determinados palanganeros del partido, como Floriano, para oponerse a una Comision de Investigación en sede parlamentaria: "queremos que nos investiguen los jueces, no Rubalcaba". Poco respeto, por tanto, al órgano en el que reside la soberanía nacional: el Congreso de los Diputados es para él un mero sinónimo del pérfido Rubalcaba. El "pelo de la dehesa" le llaman a ese tipo de salidas subliminales. Ya se sabe "que la derecha es el poder y el poder le pertenece por naturaleza". Así inicia hace una semana su demoledora columna "Cortafuegos", Manuel Vicent.

¿No es suficiente el hecho de que fuera Rajoy el que designó en 2008 como tesorero nacional del PP a Luis Bárcenas, y el que lo mantuvo como tal en la sede del partido durante más de 1 año después de conocerse su clara vinculación con la red Gürtel, con abogado, despacho, secretaria y coche oficial? ¿No es suficiente eso para que su cargo político, aunque ahora sea presidente del gobierno, esté vinculado al de su tesorero? Y por ello, como ocurriría en cualquier país normal, deba dimitir al conocerse la multimillonaria evasión fiscal  de éste a Suiza y la amnistía que, con o sin su conocimiento directo, su gobierno ha estado a punto de concederle. Con independencia de que los papeles de Bárcenas sean o no falsos, verdaderos o mediopensionistas. Y tanto si él personalmente ha cobrado o no sobresueldos.


Pueril la explicación "no pedida" -son otras las que debe dar- de que no está en política para ganar dinero (brillante el artículo censurado con su consentimiento por El País de Miguel Ángel Aguilar sobre las andanzas de Rajoy en el Registro). Como bien dice David Trueba, "hacemos las cosas porque queremos, porque nos llenan en otros sentidos o valores. Es precisamente esa sensación de perder dinero con el servicio público la que suele inclinar a cargos electos hacia la inmoralidad de aceptar prebendas y compensaciones al esfuerzo". 

Esta tendencia, que seguramente afecta de forma transversal a gran parte del espectro político, es especialmente clara en el "modus operandi" de la derecha con su palmaria expresión en el paroxismo que se desarrolló en las Valencia y Baleares de la máxima hegemonía del PP. Las conversaciones de Camps con el Bigotes, el nepotismo de Fabra, el descaro de Matas y el Zaplana de "estoy en política para forrarme" son el ejemplo claro del cortijo recuperado tras unos años de la antinatural anomalía de la izquierda en el poder. Una corrupción sistémica del PP establecida "por derecho propio". Con aisladas dimisiones siempre retardadas, buscando minimizar -como así fue- su efecto electoral y vinculadas no a las responsabilidades políticas -nunca asumidas públicamente- sino a los hitos judiciales. Ese es el axioma en España y sobre todo en el PP. Para quien, con Cospedal a la cabeza, todo es siempre una conspiración contra su partido -del pérfido Rubalcaba por supuesto-. Afirmaciones gratuitas que no tienen coste político aunque nunca se prueben y que son muy útiles para la moral de la tropa incondicional y los medios de comunicación de acompañamiento, cada vez más imprescindibles.

La corrupción de la izquierda es, sin embargo, cutre, vergonzante, chapucera, clientelar. Muy inferior cuantitativamente, aunque no por ello más tolerable. Y que comparte con la derecha el enorme agujero negro de la financiación irregular de los aparatos de los partidos. Para mí el problema estructural más serio que traen a colación los papeles de Bárcenas: los donantes empresariales y particulares con las más que probables implicaciones en la consecución de contratos públicos. Un asunto que seguro ocurre en mayor o menor grado, en dependencia sobre todo del poder que ostentan, en todos los partidos políticos. Y que requiere, junto a la sustanciación de las responsabilidades políticas -incluyendo a Rajoy- que antes he comentado, una nueva y transparente Ley de Financiación de los Partidos Políticos, acordada por unanimidad -con el tiempo que sea necesario para ello y basada en una propuesta previa elaborada por expertos independientes- entre todas las fuerzas con representación parlamentaria. Una nueva Ley que, entre otras cosas, establezca que los Órganos Ejecutivos sean responsables, a todos los efectos, de las cuentas de sus organizaciones. Para que nadie pueda decir, como ahora se dice, "yo no sabía nada".

De lo de Ana Mato, prefiero no hablar. Es patética su resistencia, aunque como el juez Pedreira decretó, el asunto haya prescrito. Escudarse en eso para negar lo innegable es ridículo. ¡Con qué cara va a presentarse a los Consejos Europeos con colegas que por mucho menos que ella estarían en su casa hace años!

En suma, es altamente probable que los papeles no vayan, judicialmente, a ningún lado. Habrá asuntos que no entrarán cuantitativamente en la tipificación de delito, otros estarán prescritos, otros se perderán en la maraña procesal, el asunto se alargará en el tiempo hasta el infinito y se diluirá en la vertiginosa actualidad política... No importa. No hacen falta más pruebas ni justificaciones. No hacen falta. La manoseada presunción de inocencia es un derecho que vale para el proceso judicial, pero no fuera de él. No vale para la política. Hay suficiente información ya para que se pronuncie la palabra dimisión.

"Politicians and diapers must be changed often, and for the same reason".    Mark Twain. 

El escándalo del Staffordshire


Sobre el tema de la novela "Hagan sitio, hagan sitio" de Harry Harrison suscitada en el buen debate que se está celebrando en el post "Chapuza", y que de una forma más o menos directa entronca con la llamada del ministro japonés al harakiri geriátrico como la renovada aportación a la salvación de la patria que en su día hicieron los kamikaze, me interesa la responsabilidad individual de los trabajadores sanitarios en el escándalo del Hospital Staffordshire. Un asunto que a mí me recuerda mucho al libro "La casa de dios" de Samuel Shem que relata la vida cotidiana de un hospital norteamericano en los años 70 (post Vietnam) y, desde el ácido humor, dibuja un panorama de pacientes ancianos (los gomer) como meros "sufrientes" de las diversas formas de crueldad administrativa que pueden ocurrir en un hospital.

   
Pues precisamente la responsabilidad individual ha sido especialmente enfatizada en el informe y el catálogo de 290 recomendaciones para el NHS que, al hilo del caso, ha hecho la comisión de expertos que ha estudiado el caso de las muertes "innecesarias" en ese centro en los años 2005 a 2008. Y que serán de obligada aplicación en la sanidad pública británica a partir de ahora. Entre ellas destacaría la siguiente: "el personal del NHS -es decir, médicos, enfermeras, gestores...- deberá afrontar sanciones penales si encubren sus errores o los de sus colegas o los de su hospital en el trato que dispensan a los pacientes". Todo un alegato contra el corporativismo, pero también un reto y una contradicción en tiempos de recorte del gasto sanitario. Y, sobre todo, una obligación personal que será más importante de lo que creemos en los próximos años. Sin duda relacionada con la libertad de información a los medios de comunicación, puesta en entredicho recientemente por la actual Gerencia del Área Sanitaria Integrada de Ourense.
Y que más allá de elementos menores que puedan prestarse a una valoración simplista -o más o menos demagógica-, ha sido contestada en un excelente análisis de la asesoría jurídica del Colegio de Médicos de Ourense, que en uno de sus párrafos afirma: "...el SERGAS no puede pretender una limitación absoluta del derecho de expresión o información de su personal cuando su contenido se refiera a anomalías, irregularidades o situaciones en las cuales el ciudadano, último destinatario de los Servicios de Salud, tiene un interés directo en el conocimiento de cómo funciona un servicio público cuyo fin es su protección."
Atentos a estos espinosos temas. Seguir, mientras tanto, los comentarios del post "Chapuza". No tienen desperdicio.

domingo, 3 de febrero de 2013

Cine español (antes de los Goya)



“Grupo 7” de Alberto Rodriguez. El director de la más que notable “Siete vírgenes”. Quizás un número fetiche para él. Se trata de un film potente, creíble y, en consecuencia, emocionante. Con gran intensidad dramática, buen ritmo y excelentes interpretaciones. Sobre todo las de un atormentado Antonio de la Torre y un poderoso Mario Casas,  protagonistas ambos de la urdimbre psicológica sobre la que gravita una película de acción trepidante. Un género que está floreciendo en España con al menos una entrega anual de calidad: “Celda 211” hace dos años y “No habrá paz para los malvados” el curso pasado.
El escenario también refuerza la originalidad de la película: la Sevilla de los meses anteriores a la Expo. Muy buenas y espectaculares las escenas de acción y las persecuciones en las estrechas calles de la capital hispalense, con la estampa intermitente de esa Andalucía de imaginería religiosa en cada esquina, de trapicheo y de noches de juerga interminable, que a algunos nos recuerda la fuerza musical del Triana de nuestros años mozos.
Emociones y exageraciones -Sevilla en estado puro- de un comando de policía que realmente existió y cuyos integrantes reales declaran tras ver la película que la trama sí refleja la atmósfera que vivieron, aunque algunos no se reconocen en los personajes que los retratan. No puede ser de otra manera en un guión cinematográfico que se pretenda de ficción. En general verosímil, aunque con alguna escena imposible como la de la encerrona en el barrio “comanche” del que los agentes salen humillados, a gatas y en paños menores.
Es posible, por buscar algún defecto, que el film subraye en exceso -quizás para reivindicarse como tal- los lugares comunes de este tipo de películas: los borrosos límites éticos de la investigación y la acción policial, las presiones de los responsables políticos… O esa mirada tan masculina de la rivalidad, la lealtad y la amistad que aparece siempre en este género cinematográfico. Tan clásico como eterno. Y al que el cine español, aunque con cierto retraso, se ha incorporado sin complejos y con éxito de crítica y taquilla. Algo sacará en los Goya. Para mí, un 8.


“Blancanieves” de Pablo Berger. Hay quien opina que sin “The artist” ni se hubiera estrenado. Y otros que por la brillantez de su antecesora en la recuperación del cine mudo y en blanco y negro, no luce lo que debería lucir. La cuestión es que estamos ante una película audaz, brillante y apasionada. Realizada con mimo, yo diría que con amor paternal, por su director desde el primer al último fotograma. Una galería de cuidadísimas imágenes en las que cada detalle es un 10. Pura alquimia cinematográfica que bebe de los orígenes del séptimo arte, del neorrealismo posterior, de la pintura negra, de la expresividad del teatro clásico, de la opereta, del esperpento español, de la máscara de la tragedia y la comedia, de la literatura gótica centroeuropea… Un coctel de esencias que emociona y conmueve.
Original en su relectura del cuento de los hermanos Grimm, inspirada en la España oculta de la fotografía de Cristina García Rodero. Y que, desde la fidelidad al texto que lo sustenta, sitúa la historia en el oscuro mundo de la Andalucía de principios del siglo XX. Llenándonos los ojos y el corazón de poderosas sensaciones: el dolor, la ternura, la tristeza, la injusticia, el hambre, los sueños, el odio, los sentimientos nobles y también el retrato de esa vil pobreza, teñida de picaresca, que arrastra al español de aquellos tiempos –y de los actuales también- a la depravación moral.
Una película entre barroca y gótica con toreros, enanos, rituales y escenarios que inundan la pantalla. No es película que pueda verse en otro formato, es de gran sala, dependiente sin duda del medio natural en el que el cine se expresa en plenitud.
Con Maribel Verdú, y el resto de los intérpretes, dejándolo todo en cada gesto. Expresión en estado puro. Insólita, intensamente bella. El destino ha querido que no pueda, ya de antemano, tener suerte en los Oscar. Otro artista le adelantó por sorpresa. Una lástima porque se merece un largo 8.5.


“Lo imposible” de Juan Antonio Bayona. Podemos verla como una versión española del Hollywood de catástrofes, con el mismo objetivo: llegar al gran público y hacer taquilla. Si así fuera, nada que objetar. El cine de calidad es también una industria y ese componente comercial que, en nuestras películas, no solemos considerar siquiera, no es desdeñable. Sobre todo si el producto se hace con la brillantez técnica y narrativa que tiene “Lo imposible”.
Extraordinario comienzo de la historia real de una familia española que sufrió el tsunami del Índico en las navidades del 2004. Mucho mejor aún que el de Clint Eastwood en la fallida “Más allá de la muerte”. Excelente también el viaje emocional que le sigue. Donde aborda la ejemplar maduración personal del niño mayor y, con él, del resto de la familia. Un road movie más emocional que narrativo –todos conocemos de antemano el final de la historia-. Capaz, a pesar de esa aparente limitación, de transmitir potentes sentimientos al espectador: la ansiedad de la búsqueda infructuosa, la desolación, el sufrimiento.
Intensidad máxima en la acción y la emoción, innecesariamente subrayada por una cámara demasiado grandilocuente, por algunos efectos especiales prescindibles… Y sobre todo por los golpes de la música buscando incrementar el dramatismo en los momentos álgidos.
Magníficos Noami Watts y los niños. Cine español de calidad para el público internacional. En un género inédito hasta ahora en nuestra filmografía nacional. Un 7.5.


“Una pistola en cada mano” de Cesc Gay. Una película menor. Una sucesión de diálogos entre diversos personajes, siempre de dos en dos. Diálogos inteligentes si, irónicos también, con excelentes intérpretes por supuesto, con gracia e ingenio…
Pero demasiado parecidos a un Club de la Comedia que se oficia en monólogos entreverados con un hilo conductor común, que Elvira Lindo definió en un artículo posterior como “Hombres ridículos”. El desmantelamiento de los fundamentos del sexo fuerte, que los varones afectados encajan con facilidad y resignación. Conocedores como son de su debilidad intrínseca. Una fórmula repetida hasta la saciedad tanto en el cine español como en el internacional. Un paradigma que está bien, que tiene un público -en general ilustrado además- que lo va a valorar y a disfrutar si se le muestra desde el ingenio y el humor elegante. Hombres perdedores con sonrisa "Profident" y espíritu deportivo –fair play-. Tipos en crisis estructural, mujeres inteligentes y valientes. Pocas fisuras en un discurso muy reconocible, muy políticamente correcto.
Historias todas sobre el mismo asunto que confluyen, “naturalmente” en una escena final que nada aporta. Muchas palabras y poco cine. Un 5.5.

NO OS PERDÁIS EL DEBATE EN EL post "CHAPUZA".



domingo, 20 de enero de 2013

Lo penúltimo de Sanidad

Después del último post he podido leer 2 artículos muy interesantes sobre el asunto que me permito compartir con vosotros para ilustrar más el debate. Uno es de José Ramón Repullo, médico experto en Planificación y Economía de la Salud. Por cierto uno de los firmantes del Documento que la OMC entregó a Feijóo y que tanta controversia, en general poco documentada, suscitó. 

De él, "La mala senda de la sanidad pública", extraeré los párrafos más significativos en relación al nuevo modelo que Madrid pretende implantar:

"Lo barato a corto puede salir inmensamente caro a medio y largo plazo. Lo que puede funcionar para una demanda complementaria y de baja complejidad en el sector privado puede ser deletéreo para el trabajo en los hospitales generales que son responsables de la salud de un territorio y población."

"Y para demostrar su tesis, abandonan a su suerte a los hospitales públicos de gestión directa, renunciando a mejorar su gestión, y usándolos como reservorio para extraer recursos, soportar ajustes, asignar funciones y pacientes caros y evacuar la entropía que generan las externalizaciones. Es la profecía autocumplida: digo que no funcionan y me aseguro de que no lo hagan."

"Es temerario pensar que toda la red hospitalaria pública pueda basarse en los modelos de externalización que se han experimentado para hospitales de tamaño mediano y pequeño en estos años: y es simplemente suicida pensar que los sanatorios y clinicas privadas puedan ser la alternativa a la enorme complejidad de la medicina moderna en red. Ambos modelos pueden tener una función complementaria, pero es insensato imaginarlo como esquema dominante o único."

"Los que tienen el conocimiento profesional y experto saben de sobra que la excelencia en la mediad actual depende de consolidar una red entre niveles (alta especialización, hospital, primaria, urgencias y sociosanitario), para trabajar integradamente por procesos, enfermedades y casos. Esto exige una planificación territorial, cooperación y una base muy sólida de profesionalismo y gestión clínica. La lógica privatizadora va en sentido inverso: fragmentación organizativa, mercadeo de procedimientos singularizados, desestructuración competitiva en la relación de oferta y demanda..."

"Lo sensato es partir de la actual red de atención hospitalaria y primaria públicas para producir los cambios necesarios que permitan estimular su efectividad, seguridad, calidad, equidad y eficiencia."

"Es el momento de poner en marcha una reforma con apoyo de todos, que rediseñe el modelo de gestión de instituciones y personal al servicio de la sanidad pública y permita una gestión emprendedora basada en la transparencia, rendición de cuentas y normas de buen gobierno y gestión de lo público."

"Tocaría indagar si hay suficiente responsabilidad en el Gobierno, sensatez en el PP, reformismo en el PSOE, inteligencia en los sindicatos y generosidad en los profesionales para emprender una senda regeneracionista en la gestión de los centros sanitarios y unidades clínicas. Muchos estamos convencidos de que se trata de la única opción que nos permitirá legar a la siguiente generación un Sistema Nacional de Salud que merezca tal nombre."

Me parecen 7 párrafos de lectura imprescindible y que desde un punto de vista constructivo, independiente de politiquerías y apasionadamente responsable, cuestiona la deriva que la Sanidad madrileña y en poco tiempo la del resto del Estado, están emprendiendo.

                                                 Foto de producción propia en una plaza del madrileño barrio de Lavapiés.

El segundo artículo es de Enrique Costas Lombardía, economista, y Cayetano Rodriguez Escudero, médico gallego y ex secretario xeral del SERGAS. Se titula "Sanidad Pública: urge sostener su futuro".

"Desde hace meses, el SNS en bancarrota recorta a fondo lo necesario y escatima lo imprescindible. No hay, sin embargo, signos de intranquilidad en los rectores políticos. Al parecer, hechos los recortes que disfrazan de reformas, el porvenir no les preocupa".

"Reducir e incluso eliminar la ineficiencia del sistema sólo sería una ayuda momentánea".

"Entretanto la sanidad privada hace su trabajo y crece cada año. No es una sanidad marginal, es simplemente insolidaria".

"Enfrente el sistema público está en un momento crítico: o los políticos deciden sostenerlo reconstruyendolo sin demora o, refugiado en las listas de espera, sufrirá una deslegimitación social progresiva, empobreciéndose hasta que pronto pierda su núcleo más íntimo y propio, donde están la solidaridad. la equidad, la cohesión social y la justicia, es decir, todo."

Frases sombrías no exentas de razón. Una situación dificil en la que somos muchos los que no nos vamos a rendir. Desde el trabajo, el análisis crítico y la reflexión continua. 
Con el espíritu de la hermosa frase de Álvaro Cunqueiro, el genial escritor de Mondoñedo, que hace pocos días un colaborador de este blog me hizo llegar:: "El ave canta aunque la rama cruja, porque conoce la fuerza de sus alas".

miércoles, 16 de enero de 2013

Chapuza

"Es fundamental que exista una expectativa mensurable para poder valorar si el Gobierno está cumpliendo con sus afirmaciones sobre el rendimiento del sistema de salud". Esta frase es una de las bases del acuerdo firmado hace pocos meses entre el Gobierno del Reino Unido y el Consejo de Dirección del NHS, un organismo independiente que ha gestionado y gestionará la reforma del sistema británico de salud.
Un acuerdo que ha servido para ir matizando, de forma consensuada y aislada del ruido político, los ritmos y los contenidos de la Ley que David Cameron había enviado, intentando reducir costes, al Parlamento (la denominada "Health and Social Care Bill").
Después de recibir el informe de un grupo independiente de expertos, Gran Bretaña ha decidido que las reformas para mejorar y hacer sostenible el sistema sanitario deben hacerse paso a paso y con una evaluación transparente, periódica y sólida de los resultados que se vayan obteniendo. Es cierto que dentro de los cambios propuestos se incluyen diversas formas de participación privada, pero equilibradas y en condiciones que permitan su comparación, sin trampas contables, con las formulas estrictamente públicas.

Algo muy distinto a la entrega pura y dura de áreas da salud enteras (con el secuestro asistencial de sus ciudadanos) al oligopolio sanitario privado que opera en España. Todo lo contrario al derecho a escoger médico u hospital de los ciudadanos (bloqueado "de facto" por razones operativas, geográficas y logísticas). Nada que ver, por tanto, con la libre competencia y la transparencia a la que apela demagógicamente el PP en Madrid, Valencia y Castilla la Mancha. Comunidades dónde, si un milagro no lo remedia, se va a imponer un modelo de alto riesgo no testado en ningún lugar del mundo, sin ninguna garantía de éxito y muchas posibilidades de ser un desastre a medio plazo. Un modelo, quizás por eso mismo, gestionado precisamente por fondos de capital-riesgo. Una chapuza interesada.
Aquí no se ha consultado ni a expertos ni a profesionales, ni a pacientes. No se ha llevado el asunto al Parlamento. No se han fijado objetivos a corto o medio plazo, ni normas contables, ni se garantiza la transparencia del gasto ni la posibilidad de comparar o "competir" entre centros en calidad y eficiencia. Aquí sólo ha contado el rodillo de la política. Y el autoritarismo del sector más radical del PP, de FAES, de Esperanza Aguirre y de sus delfines. A los que alguien tendría que decir más pronto que tarde: "vayasé, Sr. González antes de que sea demasiado tarde".
No es que sean de derechas, es que son malos. Y cada paso que dan, deben desandarlo. Véase la Princesa o el euro por receta. Lo malo es que en ese camino nos vamos dejando demasiados pelos en la gatera. Que costará mucho recuperar.
Pero dicho esto, tampoco vale rasgarse las vestiduras -sin argumentos más allá del populismo y el simplismo argumental-, ante medidas que conviene valorar como el cierre de los puntos de atención continuada o de urgencias que no tienen sentido o racionalidad. Ni no querer entrar a hablar de racionalización en la prescripción farmacéutica. Sobre todo cuando existen innumerables campos de mejora en actuaciones en salud importantes y eficientes que necesitan esos recursos. Parece mentira que seamos tan burros para no ver que o nos sentamos para decidir juntos con criterios técnicos sólidos, o todo se nos ira al garete, mientras nos bajamos de la estúpida moto que unos y otros pilotamos con el carnet a punto de caducar.