sábado, 14 de enero de 2012

Un libro y dos pelis

Para comenzar el año en el blog, después de unas merecidas semanas de vagancia sin mala conciencia, quiero compartir con vosotros un libro y dos películas que he leido y visto estos días y me han gustado especialmente.


“El disfraz” de José María Pérez Álvarez.

Editado por iniciativa de El Cercano, en formula de coedición por un grupo de amigos (crowfunding o micromecenazgo, creo que se le llama ahora). En todo caso, una excelente idea, muy útil para desarrollar cultura de calidad sin subvenciones ni otras “ataduras” en tiempos de crisis.


Un estupendo divertimento de Chesi donde nos muestra su particular universo literario, lleno del humor “oscuro” que caracteriza sus obras. Como siempre, el texto está trabajado al máximo, buscando afinar en cada palabra, en cada frase, en cada uno de los párrafos..., con la profesionalidad de los narradores maduros que sufren y disfrutan al escribir, buscando sin descanso su propia excelencia.
Divertido, fresco y alegre, a pesar del largo paseo por la dura soledad de su protagonista, Antonio Randulfe, eterno residente en Ourense: esa ciudad gris y provinciana a la que Chesi adora y a la que él mismo tanto se parece.
La novela tiene un esquema narrativo peculiar que mezcla en diferentes momentos la primera persona con el narrador omnisciente. Con un ritmo creciente que consigue incrementar poco a poco el interés del lector. Con constantes guiños a la literatura, al extraño y competitivo mundo de los escritores y a las fantasías sexuales de una generación gloriosa que no lo tuvo fácil en ese exigente campo de la existencia. Y que ahora observa –sin perder nunca la afición- la quizás monótona abundancia de la postmodernidad.
Antonio Randulfe es una especie en peligro de extinción, un prototipo de antihéroe ourensano en la, por momentos, agobiante atmosfera que Chesi propone en esta fantasía. Un tipo solitario, muy amigo de sus amigos, fracasado sin remedio, tierno, facha y, al tiempo, compasivo y solidario. Una ingeniosa mezcla, con trazos que recuerdan al propio creador, a sus sueños lúbricos, a algún amigo en otro tiempo admirado, a otros personajes de la literatura y el cine… Pero, sobre todo, Randulfe es un personaje tan clandestino como Ourense. Mucho más dotado, no sólo sexualmente, de lo que parece. También como Ourense. Tímido, cascarrabias, introvertido, asocial incluso… pero honesto. Como Ourense, en fin.
Chesi, en “El disfraz”, juega de nuevo con el diccionario, con las palabras, las definiciones, la repetición de las frases y las direcciones postales… Pero lo hace con la mesura justa para aprovechar esos recursos literarios desde el respeto con el que siempre trata a sus relatos y a sus lectores. Consiguiendo que una historia, en apariencia con poco recorrido, se estire lo suficiente para dejar en el aire recuerdos, sensaciones y sentimientos. Para pasar un rato de buena literatura. Algo cada vez más difícil de conseguir con las actuales novedades editoriales.


"Drive" de Nicolas Winding Refn. Un thriller de toda la vida. De los buenos. En el que los hechos mandan sobre la palabrería y la retórica. La historia de un ángel solitario, de cuya historia, orígenes y sueños… poco se nos cuenta. Un tipo de máxima austeridad expresiva en un entorno vital desprovisto de otras referencias y emociones complementarias a las del coche que conduce. Hasta que unas miradas limpias le conmueven para, a partir de entonces, luchar por ellas como un guerrero antiguo. Sin piedad ni misericordia con los malvados. También como un moderno, motorizado y trágico superhéroe.
Una trama clásica que el director describe y aclara con cuatro sabias y bien colocadas pinceladas. Deliberadamente simple para resaltar la profunda poesía de la atmosfera sombría que acompaña a la solemne lentitud de algunas imágenes, a la cámara destilando con naturalidad ternura, miedos, traiciones, desamparo... Abriendo paso a la violencia desde la mística de un mundo sin reglas ni piedad. Sin esperanzas vanas. Como en el mejor cine negro americano de la época dorada. No debe ser casualidad que en los títulos de crédito finales aparezca Frank Capra III (¿quizás el nieto del genial autor de “Sucedió una noche”?), un miembro más del equipo del director danés que adapta con gran brillantez y estilo la dura novela homónima de James Sallis (también un tipo duro, no os perdáis la entrevista que concedió en El Pais: “Somos urracas, robamos del nido de otras urracas”). Para mí, un 8,75.


"Un dios salvaje" (Carnage) de Roman Polanski. Teatro hecho cine por el maestro. Adaptación de la obra de Yasmina Reza, dicen que más ligera y más divertida. La película transcurre toda ella en una habitación, salvo el suceso inicial que justifica el encuentro de los cuatro personajes: dos parejas “civilizadas” que se reúnen para resolver un conflicto banal entre sus respectivos hijos. En un limitado espacio del que el director, y supongo que la autora del texto, no les deja salir (como hizo Buñuel en “El ángel exterminador”) hasta que destapen sus egos y descubran con dolor que sus miserias no son tan distintas a las de los demás. Cínica y sarcástica mirada a la condición humana de uno de esos artistas que no se casan con nadie y ejemplifican el concepto de incorrección política. Con ese toque de misoginia que Polanski no oculta demasiado. Todo con la máxima sutilidad de la que es capaz en cada paso, en cada frase, en cada palabra, en cada movimiento de la cámara, en cada detalle aparentemente nimio… Entendiéndolos como preparación para la próxima vuelta de tuerca al cerebro del perplejo y, por momentos, agotado espectador. Usando de forma magistral la sorpresa, la confesión más inconfesable, la reacción más imprevisible, para seguir con su demoledora tarea. Ensuciando al supuesto limpio para dejarlo después asearse durante un rato hasta la próxima andanada. Limpiando al aparente sucio para en el siguiente descuido, cubrirlo nuevamente de vómitos…
Gran Polanski, de nuevo implacable con la hipocresía, destructivo para las máscaras más impenetrables… Azote de la burguesía que anida en el corazón del hombre contemporáneo. Ácido, cortés y civilizadamente violento. Un divertido peligro, supongo que también para sí mismo. Un 9 largo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario