lunes, 18 de abril de 2011

Felices vacaciones, amigos


"Señores, Emperadores y Reyes, Marqueses, Duques, Condes, Caballeros, Burgueses y todos vosotros, en fin, que anheláis conocer las diferentes razas de los hombres y la enorme veriedad de las diversas regiones del mundo, y deseáis informaros sobre sus usos y costumbres: tomad este libro y hacerlo leer; pues en él hallaréis las más enormes maravillas..."

FELICES VIAJES INTERIORES Y EXTERIORES A TODOS. HASTA LA VUELTA

domingo, 17 de abril de 2011

Un libro y una película antes de vacaciones

“El guardián entre el centeno” de J. D. Salinger. Hace tiempo que quería leer este mítico libro. Y lo he disfrutado. Una historia universal, el viaje iniciático a la madurez tantas veces contado, pero que en Holden Caulfield se muestra con una claridad y una honestidad radicales. La narración en primera persona y el lenguaje coloquial y espontáneo es toda una declaración rápida de intenciones. Desde la primera línea del libro aparecen la soledad, el desarraigo, el desamparo, el dolor del espejo, la ausencia de referentes, de pertenencias, el abismo que aparece entre Holden y el resto del mundo, la irreparable decepción que, a cada paso, el mundo que le rodea le provoca… Y sobre todo el brutal rechazo a la mentira y a la hipocresia de los adultos. Sólo los niños merecen la pena. Y los pocos adultos que se comportan como tales. Y cuando atisba a esos seres limpios, les entrega su enorme energía adolescente. De guardián entre el centeno, de los niños que juegan en él, no conocedores aún del abismo que les amenaza. Solo una persona le redime de la imparable degradación que se despliega en la noche de Nueva York, su hermana pequeña, el antidoto frente a toda falsedad. La tabla de salvación que otros chicos frágiles como él no han encontrado, acabando en el suicidio o el infierno de las drogas.

Un libro de libros, el de Salinger, que aparece despues en el “Tokio blues” de Murakami, o en “Las historias del Kronen” de J. Mañas, por poner dos ejemplos. Un libro fascinante por su valor y limpieza que ha conquistado tantos lectores como lecturas. Que ha aparecido en muchas películas en forma de homenaje: “El Resplandor”, “Annie Hall”... Que ha servido de inspiración y referencia más o menos velada en otras: “The Good Girl”... Pero que nunca será llevado al cine, por expreso deseo del autor. De obligada relectura para recordar aquellos momentos de la propia vida, donde no existía lo relativo, donde la busqueda de la felicidad absoluta era la dolorosa y apasionante tarea de cada día.


“Potiche, mujeres al poder” de François Ozon. En tiempos de sequía de buenos estrenos a uno le toca intentarlo aunque sea con medianías. Y eso es lo que es “Potiche”, una medianía de un director joven, especializado en comedías de género, irónicas y mordaces. Y que ha hecho alguna película notable como "Swimming Pool". Se trata de un juego de palabras con el florero y la mujer sometida y ninguneada hasta que las circunstancias le dan una oportunidad para emerger, que sin duda aprovecha. Estética del primer Almodovar. Con el que en Francia le comparan. Cosas de musical y de vodevil. Algún momento original y ocurrente y la presencia siempre contundente de Catherine Deneuve y Gérard Depardieu. Poco más. Un 5.5 raspado.

sábado, 16 de abril de 2011

El hombre de los platos chinos

Es justo aplaudir en esta ocasión, igual que en otras se le ha criticado por lo contrario, las declaraciones de Mariano Rajoy en su reciente visita a Alemania. Afirmar, aunque sea en Berlín, que “las medidas establecidas por el gobierno español van en la buena dirección”, es hacer lo correcto. Rechazar, delante de la élite empresarial y política alemana, cualquier conjetura sobre la necesidad de un eventual rescate financiero de España, es positivo para nuestra economía y debería ser lo normal en el líder de la oposición de un país en crisis. Aunque en este caso suponga una rectificación, en toda regla, del irresponsable voto en contra de los primeros recortes de Mayo del 2010 y de las abstenciones del PP en las reformas laboral, financiera y de pensiones.

No debe ser fácil el papel de Rajoy en esta legislatura que ya enfila su recta final. Encabezar un partido que pretende abarcar un electorado tan amplio –desde la ultraderecha al centro-, requiere una gran envergadura de brazos. Para poder abrazarlos a todos a la vez. A mí me recuerda a esos malabaristas chinos de los platos giratorios que se sostienen con palos largos y flexibles. Jamás pueden perder la concentración. Hay que atender igual al de un extremo que al del otro. Valen lo mismo. El espectáculo sólo funciona si ninguno se cae.

Ese duro y exigente trabajo es el que no le deja crecer como líder. Y amenaza con engullirlo antes o después del eventual triunfo electoral. El peso de los platos de sus compañeros de viaje es enorme. Algún día, las voces que el domingo, en la manifestación de Madrid, mandaban a “Rubalcaba a prisión” y a “Zapatero al paredón” no le perdonarán su ausencia y la ambigüedad que ahora le consienten. Y mucho menos, aquellos que han fiado su apuesta empresarial a responder y alimentar a ese público que sigue entendiendo el 14M como una anomalía y el ejercicio del poder como un patrimonio exclusivo de la “gente de bien de derechas”, de los “buenos españoles”.

Rajoy cree que no puede prescindir de esos votos. Pero también sabe que conservarlos acarrea el peligro de perderlos en el centro y de limitar la deseada abstención en la izquierda. De ahí que hasta las elecciones generales, lo suyo va a ser un sinvivir. Le va a tocar, como este fin de semana, estar a la vez en misa y repicando. Apoyando, por la cuenta que le trae, al gobierno en la lucha antiterrorista y a la vez colocándose de perfil cuando escucha a Mayor Oreja exponer por enésima vez su paranoica teoría de la negociación interminable. O enviando a González Pons y Cospedal a cumplir el papelón de participar en esas tertulias bochornosas, un verdadero insulto a la inteligencia que, como Unamuno decía, no es ni de derechas ni de izquierdas.

Es sin duda encomiable la capacidad del hombre de los platos chinos para eludir preguntas comprometedoras sobre la inclusión de implicados en asuntos de corrupción en las listas electorales de su partido. Una y otra vez, la callada por respuesta. Con adusta naturalidad. Incluso con desparpajo: “¿Costa, quién es Costa…?”. Difícil entender cómo los periodistas se lo consienten.

Lástima que ese esfuerzo no lo dedique a reconducir el rencor y la nostalgia que le rodean, dentro y fuera del partido, a terrenos de racionalidad y moderación. En vez de contentarlos una y otra vez. Esa sí sería una actitud de liderazgo. Si es que él realmente piensa de forma diferente a ellos. Lo que cada vez va a parecer menos probable a los electores.

Y en todo caso, si en la oposición no ha sido capaz de escapar de su influencia, ¿por qué creer que lo conseguirá si alcanza el poder? Igual es hora de ir rompiendo platos. Aunque sea desde Berlín.

domingo, 10 de abril de 2011

Atila, el rey de los hunos

“En la vida, para comprender, para comprender de verdad cómo son las cosas de este mundo, debes morir por lo menos una vez”, escribió Thomas Mann hace casi un siglo. En Mayo del 2010, Zapatero murió aprendiendo. Por eso creo que el mejor ZP es el que se va. Con la versión más racional y responsable de las muchas que le hemos conocido. Con las ideas más claras.

Zapatero ha sido el presidente más atacado y vilipendiado de la historia democrática de España. Desde el minuto uno hasta el día de hoy. De entrada se deslegitimó su primera victoria electoral, fruto de imposibles y rocambolescos contubernios. Después llegaron la venta de Navarra, la traición a los muertos, la connivencia con ETA, la entrega del Estado a Cataluña, la responsabilidad exclusiva de la crisis y de cada uno de los parados… Le han llamado de todo, incluso en sede parlamentaria: sectario, bobo, radical, agitador, resentido, estafador… Hasta se han mofado de su abuelo fusilado. A pesar de ello, él ha guardado siempre las formas. Nunca se le calentó la boca. Y eso es de valorar y agradecer. Para rematar, el domingo pasado, el siempre ocurrente Camps le comparó con Atila, el rey de los hunos, aquel tras cuyo paso la hierba no volvería a crecer.

Lo cierto es que ZP ha excitado, casi siempre muy a su pesar, la crispación en España. La inesperada derrota de la derecha en 2004, la dura oposición de sectores poderosos como la Iglesia a sus políticas sociales, la explotación “ad nauseam” de las vísceras del nacionalismo español más excluyente…, han sido el caldo de cultivo para el renacimiento de las voces políticas y mediáticas más cainitas y radicales de este país. Con gran presencia en Madrid y en la nueva TDT. Con Zapatero han tomado oxígeno. ¿Qué harán ahora sin él? Pues buscar al siguiente para continuar con la misma táctica. A su sucesor, sea cual sea, gobierne o no gobierne, le espera el mismo trato.

El activismo de los gobiernos de ZP ha sido enorme y sus logros muy positivos para la vida de los ciudadanos. Se han ampliado los derechos civiles, se ha liberado a la radiotelevisión pública de su tradicional vocación de servicio al gobierno de turno, se ha conseguido una nueva alternativa de poder en Euskadi, se han incrementado exponencialmente las becas, consagrado el derecho de los dependientes a ser asistidos con dinero público, se ha promulgado una buena Ley de Reproducción Asistida, ETA está en su fase terminal tras convertir el fracaso táctico del proceso de paz en un gran acierto estratégico, han disminuido las muertes por accidentes de tráfico, se han incrementado las pensiones y el salario mínimo... Pero poco parece valer hoy todo esto. El país ha mejorado, sin duda, pero la sociedad no lo ha hecho. Y el clima político tampoco.

Han faltado discurso, liderazgo y personalidad en ZP. Ha sido excesivamente personalista. Le ha sobrado protagonismo en la acción de gobierno. Ha entendido que ese era su deber y se ha equivocado. Ha confiado demasiado en su buena estrella perdiendo con ello la iniciativa y la capacidad de modificar las cosas, de transformar España, de modernizarla conjugando la igualdad de oportunidades con la cultura del mérito, el riesgo y la innovación. La credibilidad de la que por algún tiempo disfrutó, pese a los desaforados ataques de sus enemigos políticos, no fue utilizada para mirar a la gente a la cara y decirle siempre la verdad, sin paternalismos más o menos interesados.

Aún así, la historia le juzgará. Estoy seguro que con un veredicto globalmente favorable. Dentro de unos años, como ya ocurrió con Adolfo Suárez, dará vergüenza ajena leer lo que se ha escrito o dicho sobre ZP y se valorarán en justa perspectiva sus luces, sus sombras y el importante legado de su presidencia. Fruto más de las convicciones que de las ideas. Ni Bambi ni Atila. Con aciertos y con errores. Como cualquiera.

lunes, 4 de abril de 2011

Cirenaica y Tripolitania

Fueron dos prósperas provincias romanas separadas por el Golfo de Sirte. En Cirene, la actual Bengasi, se desarrolló en tiempo de los griegos la escuela cirenaica, doctrina hedonista que definía la felicidad como la suma de los placeres humanos. Paradójico recuerdo de una ciudad que hace pocos días sufrió estoicamente el sitio de los mercenarios de Gadafi. Por su parte Trípoli, antes de la llegada de Roma, fue un emporio comercial fenicio, puerto terminal de las rutas de caravanas que cruzaban el Sahara. Orígenes distintos que marcan la historia en la franja litoral mediterránea de un país desértico, ahora inmerso en una terrible guerra civil.

Libia no es igual que Egipto, Túnez u otros países de su entorno. Dispone de la renta per cápita más alta y es el primer país en el índice de desarrollo humano de todo el continente africano. La esperanza de vida es de 77,65 años, homologable a muchos países europeos. Un estado rico, más parecido en su estructura social y demográfica a las monarquías y emiratos del Golfo Pérsico que a sus vecinos del Norte de África. Pero, de nuevo, los medios de comunicación, la opinión pública, los tertulianos “de cabecera” tienden a homogeneizar los análisis de la actualidad. Y a presentar la crisis libia como una más del reguero de pólvora que hoy recorre los países árabes. Dictadores malvados y corruptos, pueblos empobrecidos y oprimidos… La simplicidad es la norma para el fácil consumo occidental.

Es cierto que la espoleta de libertad, el efecto contagio de la rebelión tunecina es común en todos los casos. Pero la motivación de las gentes para salir a la calle y jugarse la vida es muy distinta. ¿Alguien se pregunta la razón por la que en Egipto los manifestantes iban armados con piedras y pancartas y en Libia, desde un primer momento, la insurrección contó con abundantes armas y dividió en dos el país?

En esta revolución, los componentes territorial y tribal se unen inseparablemente al justo rechazo al energúmeno Gadafi. Parece, por tanto, una guerra de liberación, pero también de construcción –o de deconstrucción- de un Estado fallido o al menos nunca suficientemente integrado. Por eso creo que el riesgo de partición del país es evidente. Por mucho que la llamada comunidad internacional quiera evitarlo. Ha hecho bien la ONU en intervenir. Probablemente ha tardado demasiado en aprobar la zona de exclusión aérea. Se trataba de evitar una matanza de civiles en Bengasi.

Es cierta, también, la denuncia de hipocresía a los países que abrazaron a Gadafi hasta ayer, que le acompañaron en su conversión a demócrata de toda la vida, que como el ministro francés Patrick Ollier, le iniciaron en la lectura de Montesquieu… Y que ahora lideran la intervención internacional contra él. Es una guerra justa, muy diferente a la de Irak. No hay, en Libia, mentiras de destrucción masiva ni geoestrategias coloniales. Pero sigue siendo evidente la inconsistencia moral de Occidente y el doble rasero en la política exterior de las grandes potencias. A las que los demás seguimos mansamente. ¿Por qué no se intervino en Ruanda, en Gaza, o ahora en Costa de Marfil, donde otro dictador más, de los muchos que hay en el mundo, se niega a abandonar el poder, provocando la catástrofe humanitaria de un millón de refugiados huyendo de los enfrentamientos armados?

En todo caso, la salida de Libia no va a ser fácil. El diálogo con Gadafi o su exilio voluntario tras un hipotético “abandono” de su entorno, parece hoy improbable. El conflicto se antoja largo y la coalición internacional debe prepararse para ello. Incluida una fuerza de interposición ante una eventual división del país en dos partes. ¿Cirenaica y Tripolitania refundadas? La historia es un bucle, decía alguien.

lunes, 28 de marzo de 2011

Caminos

El lunes pasado se abrieron las compuertas de la primavera. Y con ella, la posibilidad de disfrutar más de la naturaleza. Hace un año, por estas fechas, al terminar una de esas estupendas “andainas” que de forma desinteresada y animosa se organizan en nuestra ciudad, una persona hasta entonces desconocida para mí y con la que había compartido la jornada, me preguntó: ¿ya sabes la enfermedad que tengo, verdad? Con sinceridad, le contesté que no. Mi respuesta creo que le resultó grata.

Su actitud, la forma en la que se había comportado durante todo el día, fue normal. Incluso habíamos coincidido en algunos tramos de la marcha y hablado de la importancia de mantener durante toda la vida algún tipo de actividad física, de practicar deporte de forma regular, de no dejarse caer en la monotonía. Mientras subíamos al autobús de vuelta a Ourense me confesó que padecía Alzheimer. Me lo dijo sin perder la sonrisa.

Hace unas semanas, en La Rioja, comunidad autónoma que lidera en España la gestión de la Dependencia, pude ver “Poesía”, una película del director coreano Chandong Lee, ex ministro de cultura de ese país asiático. El personaje principal es una abuelita deliciosa, frágil, coqueta y elegante que cuida su vestuario con extremo cuidado. Lleva una vida dura. Vive con su nieto adolescente, aquejado del endémico autismo social que se ceba en ese grupo de edad de los países “pudientes”. Colgados siempre de alguna pantalla. Mija, la abuela, se responsabiliza de él, ya que la hija, soltera, trabaja en otra ciudad. La economía del peculiar núcleo familiar, se basa en su pequeña pensión de viudedad complementada con el dinero extra que obtiene del cuidado de un anciano discapacitado. Aún así, disfruta de las pequeñas cosas y cada día florece con sus vestidos estampados. Ha decidido aprender poesía. Para ello recibe clases en el taller literario de un centro cívico de Seúl, ilusionada con escribir pronto su primer poema. Y mientras se instruye para enhebrar las palabras, las palabras se le van olvidando.

La demencia llega sin avisar, oculta en los pequeños olvidos. Hasta que un día se descubre en el espejo o en alguna conversación. Y alguien luego le pone la etiqueta. Pero nada detiene el camino de Mija. Su determinación para disfrutar de la libertad, mientras dure, es firme. El tiempo deja, para ella, de ser el elemento que todo lo enmarca en el transcurrir de los días. Y comienza a mirar la vida como lo hacen los poetas y el buen cine:”viendo bien las cosas, de verdad, sin prisa”. La película finaliza con su espléndido primer poema, todo un canto a la vida en plenitud. A la belleza recién descubierta.

El Alzheimer no es el final. Se presenta con diferentes ritmos para cada uno. Con distintos modos y matices. Con posibilidades, en muchos casos, para seguir aprendiendo, amando, disfrutando... Con un camino por delante que requiere nuestra compañía. Desde la naturalidad. Con el compromiso social que sea necesario. No es buen índice de nuestro nivel de desarrollo como Comunidad, que Galicia esté por debajo de la media estatal en el gasto por habitante dedicado a la financiación de la Dependencia.

El martes, la Asociación de Mujeres Empresarias y AFAOR proyectaron en Ourense el admirable documental “Bicicleta, cuchara, manzana” en el que la familia Maragall muestra los diferentes ángulos del Alzheimer de una forma desdramatizada, cercana y no exenta de buen humor. Sin buscar la lágrima fácil, muestra lo esencial de esta enfermedad: la superación del drama, las brechas anímicas, la enorme carga física y mental de la familia, la importancia de las manifestaciones físicas de cariño…

Mija, Pascual, el amigo de la “andaina”… Y tantos seres anónimos recorriendo el camino de vuelta de la memoria. A veces, a nuestro lado. Otras, demasiado solos.

domingo, 20 de marzo de 2011

Conservar o transformar

Hubo tiempos –no demasiado lejanos- en que la política era el vehículo natural para cambiar el mundo. Para hacerlo más justo e igualitario. Para forjar países de ciudadanos libres, solidarios y razonablemente felices. La diferencia entre conservadores y progresistas era entonces nítida y clara.
Pero las cosas han cambiado. Ahora, la política en su conjunto se ha profesionalizado y se nos ha hecho repetitiva y conservadora. Miedosa y envejecida, como la vieja Europa. Gobierne la derecha o gobierne la izquierda. Con matices importantes, desde luego, pero que pasan desapercibidos en la vertiginosa vorágine de la postmodernidad. En la que el envoltorio importa mucho más que el contenido.
Ahora, los objetivos y los formatos de comunicación política son casi siempre conservadores. En los discursos prolifera la promesa, la victoria, el crecimiento económico, la confrontación, la descalificación del contrario, el argumentario, la venta del producto… Apenas se descubre en ellos la ilusión, la pedagogía, el afán de transformación, las convicciones, los valores… Ese es el motivo del desprestigio de la política que las encuestas muestran una y otra vez. En todos los paises del mundo rico.
Antes la política era joven. Ahora parece cosa de señores mayores que “rayan” sin parar, siempre con el mismo rollo. Este fin de semana tuve ocasión de escuchar en Ourense a Carmen Calvo, exministra de Cultura. Su discurso fue distinto, nuevo, valiente y sorprendente. No recordó los logros de su partido. No desgranó el habitual muestrario de promesas. No descalificó al oponente. Habló simplemente de la vida misma. De lo que hacemos y por qué lo hacemos. De si somos felices o esclavos de una dinámica que nos engulle y despersonaliza. De los demenciales horarios laborales que aún dominan en nuestro país. De recuperar el tiempo necesario para educar a nuestros hijos. De las razones por las que España es líder mundial en consumo de ansiolíticos y antidepresivos.
También afirmó que hablar de esos temas es hacer política para implicar a los ciudadanos en los asuntos que les conciernen, para proponer cambios sobre las cosas más cercanas, las que más nos importan. Las que podemos tocar o mirar. Ese debería ser el ámbito más importante donde desarrollar la política. Del día a día a la macroeconomía. No al revés.
Esta crisis económica, en la que todo es oscuro y brumoso, en la que la certeza de hoy es un tremendo fracaso del día siguiente, ha demostrado el escaso poder de la política sobre los grandes números. El dinero parece haber cobrado vida propia y trasciende a los gobernantes sean del color ideológico que sean. Los problemas son globales y sólo desde la globalidad pueden encararse. Poco parece influir en estos temas el voto a una u otra opción partidaria.
Por eso conviene recuperar el debate que reflexiona sobre el modelo de sociedad y cuestiona lo que parece incuestionable. ¿Cúales son nuestras prioridades: el crecimiento del poder adquisitivo o la calidad de vida? ¿El segundo coche o la conciliación de la vida laboral y familiar? ¿La apariencia o el conocimiento? ¿El espíritu crítico o el papanatismo de la masa? ¿Son casuales el proverbial éxito de la última versión de Torrente o la millonaria audiencia de Belén Esteban? ¿O que seamos uno de los paises con mayor consumo de drogas de nuestro entorno? ¿O que Berlusconi se vaya haciendo el dueño de la televisión en España? ¿O el bajo índice de lectura de nuestros jovenes? ¿O la creciente demanda de manipulaciones estéticas para cambiar la imagen corporal?
Todo esto también es política. La más importante, la que permite distinguir a los transformadores de los que no lo son. Más allá de las apariencias y las militancias.

sábado, 19 de marzo de 2011

Más cine

“Cisne negro” de Darren Aranosfky. Una película enormemente física. Donde se filma el dolor, la extenuación, la búsqueda de la perfección a través del cuerpo. Maravillosa Natalie Portman, consiguiendo en pocos meses, con enorme esfuerzo y disciplina, su personal transformación en bailarina profesional. Magnífico Aranofsky, manteniendo en un “in crescendo” continuo la máxima expresividad en cada imagen y en cada sonido (extraordinario efecto el batir de alas del cisne). Sobre todo en los impactantes primeros planos. Es fácil encontrar similitudes con otras películas en este thriller psicológico sobre la perfección, la metamorfosis, la dualidad, el bien y el mal, Eros y Tanatos, la autodestrucción, la locura, el ángel, el demonio… Recuerda en su carácter perturbador al joven Polanski de “Repulsión” o “El quimérico inquilino”. También a “La pianista” de Haneke, por su tono enfermizo y obsesivo. En la terrorífica transformación del personaje principal puede parecerse a “La mosca” de Cronenberg. En la disputa entre bailarinas que se disputan el éxito, a “Showgirls”… Semejanzas de temas universales tratados en el cine y que buscan en la corporalidad el escenario para desarrollarse.
Es "Cisne negro" una película de riesgo, dura, que explora el dolor, la locura, la anorexia y el sexo con un punto de obscenidad. En los límites del valor y el exceso. Por tanto, que alguien puede interpretar como un delirio de “enfant terrible” o el simple afán de “epatar” de un director especial. Y sobre esa apuesta, a mi juicio, alcanza la brillantez de una obra distinta, personal e impactante. Dice Natalie Portman que “la danza consiste precisamente en esconder el dolor”. La impresionante entrega de su interpretación nada esconde y además proporciona credibilidad a un film que sin ella quizás la hubiera perdido al tercer fotograma. Un 8.
“Más allá de la vida” de Clint Eastwood. Otro trabajo menor del director estadounidense, muy lejano a "Mistic river" o "Los puentes de Madison". Menos grandilocuente, más reposado, mejor en suma que la fallida "Invictus", pero bastante prescindible en mi opinión. Consecuencia directa de la busqueda por encontrar algo nuevo que contar, de un director que ya lo ha dicho casi todo. Y del interés en encontrar espacios para que Matt Damond, su actor fetiche, se exprese. Nada de lo que ha hecho con él ha resultado brillante. La película se abre con una escena muy bien conseguida, y de desgraciada actualidad en estos días, sobre el tsunami del Índico en el 2004. Y continua con una deslavazada mezcla de aproximaciones a la vida después de la muerte y a las personas que han quedado marcadas después de una experiencia en esos límites. Que, en todo caso, no acaba de cuajar ni adquirir consistencia. En el personaje central, el de Matt Damond, aparecen destellos de esos antihéroes que tanto gustan en el cine americano. De esos tipos que no quieren ser protagonistas, pero acaban siéndolo a su pesar. Poco más que señales de un maestro que se ha equivocado de nuevo de “librillo”. Un 6.

“Valor de ley” de Joel y Ethan Coen. Tenía ganas de ver a los Coen en un western. Nunca lo habían hecho, pero algunas de sus películas olían a ese género que sin duda es la mejor de sus fuentes como cineastas ya clásicos. “No es país para viejos” o “El hombre que nunca estuvo allí” tenían ya la textura del western. Pues en "Valor de ley” lo han bordado. Han adaptado tan magníficamente al cine la novela homónima de Charles Portis, que no tiene sentido compararla con la película de los sesenta, también basada en ese texto, de Henry Hathaway.
Una historia con una atmosfera creíble, llena de humor ácido más inteligente aún que el de Tarantino. Diálogos redondos y rotundos, alejados de retóricas inútiles. Sentimientos sencillos, y al mismo tiempo profundos, entre personajes que representan dos diferentes visiones del mundo que convergen en lo esencial: la vida, la muerte, la lealtad… Acción que no se pierde en derivadas de relleno, que va directa al grano pero, al mismo tiempo, permite una aproximación honesta a los personajes, a sus miedos, a sus fantasmas, a sus luces y a sus sombras. Apoyada en la mirada limpia y enérgica de una muchacha que representa la justicia en estado puro –a mi me recuerda por su natural precocidad a Alicia en el País de las Maravillas-. Magnífica la interpretación de Haile Steinfeld, su caracterización y su vestuario.
También sobresaliente Jeff Bridges, un veterano “cazarecompensas” de vuelta de todo. Al que la convicción de la muchacha consigue hacer rejuvenecer. Un poderoso encuentro que, por sí solo, llena la película. Y que mantiene la sonrisa complice del espectador durante los 110 minutos que dura. Para mí, lo mejor del año. Un 9.

“Poesía” de Changdong Lee. El exministro de cultura de Corea del Sur consigue una notable película con un excelente guión, merecedor del primer premio en el Festival de Cannes 2010. "¿Qué significa hacer cine cuando el cine se muere? ¿En qué se parecen el cine y la poesía?", se pregunta el director cuando explica su propuesta cinematográfica. La respuesta llega pronto en una de las frases del poeta que enseña a escribir poesía a la protagonista: “ver las cosas de verdad, ver bien las cosas”. Y eso es lo que intenta a lo largo del film. Una abuela deliciosa, llena de elegancia y delicadeza, se enfrenta a una historia terrible. El nieto que vive a su lado, del que se siente responsable, está aquejado del autismo endémico que asola a una parte importante de la adolescencia en los países ricos. Ella busca reencontrarse consigo misma, escribiendo su primer poema. Y mientras aprende, empieza a olvidar las palabras. Demencia, crimen y poesía sin ninguna estridencia. Un metraje de 139 minutos al que no le falta ni le sobra nada. Sutilmente calculado para que la tragedia aparezca siempre en segundo plano. Para que la belleza serena de Mija –la abuela protagonista- marque los tiempos y los matices. Con hermosas elipsis. Magnífico el poema que cierra la película. Sólo un “pero”: demasiada paz al lado del dolor y la violencia. Un justo 8.5.

sábado, 12 de marzo de 2011

Escuchando al juez

Somos muchos los que esperamos ver, en cuanto sea posible, el documental de Isabel Coixet, “Escuchando al juez Garzón”. Por el momento, la web que lo emitirá aún no lo tiene disponible. Pero a través de los comentarios suscitados después de su estreno en la Berlinale y de algún adelanto en prensa escrita, podemos afirmar que se trata de un importante documento para analizar, con perspectiva histórica, las maniobras efectuadas por el entorno de la derecha política española en sus años de travesía del desierto tras la derrota electoral del 2004.
“A partir del Caso Gürtel comienzan un acoso y una persecución implacables”, afirma el juez en el análisis de los últimos años de su vida profesional. Algunos estamos seguros de que sin su trabajo de investigación en la trama de blanqueo de dinero público en varias Comunidades Autónomas gobernadas por el PP, y la implicación de altos cargos de ese partido en el asunto, no habría “Caso Garzón”. La acusación sobre cobros “irregulares” en las conferencias de Nueva York y prevaricación en el proceso por los crímenes del franquismo, sólo fueron colusiones de interés con algunos jueces resentidos y con la ultraderecha recuperada en los nuevos canales de la TDT. Es probable que le condenen, pero su voz no será silenciada y el tiempo le dará la razón.
A las preguntas de Manuel Rivas en el referido documental, el juez responde con frases como estas: “Aquí lo que ha pasado es que ya no da miedo ser corrupto porque te siguen eligiendo”. “Cuando lo que se transmite al ciudadano es que todo vale, salvo que demuestren judicialmente que has metido la mano en la caja, entramos en un terreno peligrosísimo”. “Esta ha sido la cultura de muchos años en España”.
Un reciente estudio sobre “Las consecuencias electorales de los casos de corrupción municipal 2003-2007”, basado en los datos obtenidos en Valencia y Andalucía, demuestra que los partidos políticos cuyos alcaldes se vieron envueltos, durante ese periodo, en ese tipo de asuntos, no tienen penalización en las urnas. Razón por la que se les mantiene como candidatos para seguir dirigiendo el cortijo. Por muchos códigos éticos que se hayan proclamado. Triste conclusión que ya suponíamos y que señala la baja calidad de nuestra democracia.
La presunción de inocencia es un concepto jurídico, no político. La sospecha fundada y, por supuesto, la mentira probada, deberían ser suficientes para dar un paso atrás en la representación pública. Otros habrá para coger el relevo. La confianza es la base del contrato democrático entre elegidos y electores.
Tampoco es tolerable el ataque gratuito a jueces, fiscales, policías y gobiernos como herramienta de defensa política. Lo de Cospedal, en el chiringuito de la playa, acusando sin pruebas a las instituciones policiales y jurídicas de este país para tapar las evidentes responsabilidades del conjunto de su partido en el caso Gürtel, parece que salió gratis. Por eso lo ha seguido repitiendo en cuanto ha tenido ocasión.
En todo caso, en nuestra mano está denunciarlo, opinando con la contundencia que sea necesaria. Y penalizando en las urnas a los corruptos y a quienes les amparan y utilizan. Ciudadanos de países sin “tradición” democrática como los del norte de África ya lo están haciendo. Jugándose la vida en las plazas y en las calles por un futuro con gobernantes honestos.
En España, rescatar a Garzón -con cualquier pretexto- del olvido que inexorablemente depara la vertiginosa actualidad del tiempo que nos toca vivir, es una obligación democrática. Y un acto de gratitud para quien ha intentado defendernos de la impunidad, la violencia y la corrupción. Escuchemos, por tanto, al juez. Todo un referente para la mayoría de los españoles de bien.
Juro que es una coincidencia. El artículo se publicó en prensa escrita ayer, al tiempo que se iniciaba una campaña llamada Solidarios con Garzón con una conferencia -en la que participó Concha Carretero, Madame Cibeles, compañera de celda de las Trece Rosas- en la Universidad de Ginebra. A la que seguirá un acto hoy en Barcelona y una fiesta la semana que viene en Madrid. "Intelectuales y artistas salen en apoyo de Garzón". "Información en El País"

martes, 8 de marzo de 2011

Escuchar

Veo los tejados de Barcelona desde la ventana de mi habitación. Al frente, los nobles edificios modernistas de la Rambla de Cataluña. Más allá, la Sagrada Familia. A la derecha, la torre Agbar. Al fondo, las humildes laderas del Carmel. Abro la ventana e intento escuchar la ciudad. Seguro que tiene algo que contarme, pero sólo soy capaz de oír el lejano murmullo de las conversaciones en la calle y el sonsonete del tráfico que acelera y se detiene por escasos segundos. No es fácil escuchar. Y es difícil encontrar maestros que nos enseñen a hacerlo.
Hace una semana, el periodista Fernando Argenta, dentro de las actividades programadas por el -cada año mejor- Pórtico del Paraíso, nos regaló una conferencia sobre la música y los silencios. Con la gran capacidad que le caracteriza para transmitir su pasión por los clásicos, leyó con brillantez ante nuestros expectantes oídos, algunos movimientos de Mozart y Beethoven. Nos enseñó en directo a escuchar las emociones que laten en las notas musicales. Y el valor de las pausas para preparar los sentidos del público ante lo que está por llegar. Con esa sencilla idea, convirtió los silencios de la Patética de Tchaikovsky en la parte más importante de su obra póstuma. Juro que llegué a escucharlos, aunque ahora en Barcelona no me resulte posible repetir la experiencia, en la soledad de mi habitación del hotel.
Nadie en España hizo tanto por la música como el añorado “Clásicos populares” de RNE y Fernando Argenta. Lástima que la escuela española haya olvidado durante décadas, y siga olvidando hoy en día, la enseñanza de la música, la fotografía, la poesía, el cine o la misma televisión. Para la formación de la sensibilidad, la curiosidad y la comprensión crítica de los niños. Trascendiendo la absurda memorización de nombres y fechas.
El silencio también debe ser escuchado. Vivimos rodeados de ruido y contaminación acústica, de charlatanes, de gente que habla por hablar. Por boca de ganso. Y que escribe sólo para llenar páginas o pantallas. O metros de decorativas librerías. Sin más. Nunca se ha escrito y hablado tanto para comprender tan poco.
Escuchamos al otro como una forma de esperar turno para colocar nuestro discurso, para certificar que nosotros más y mejor, para convencerlo de nuestras tesis. Para conquistar en vez de aportar o compartir. O sea no escuchamos. Hacemos lo contrario a la armonía de la Patética, donde el fagot da paso al silencio que hará más comprensible el violín que vendrá. Dice el filósofo ministro Ángel Gabilondo que no es lo mismo callar que silenciar. Silenciar es mucho más, es escuchar de otra manera.
Oscurece en Barcelona. Hace frío y he cerrado la ventana. Me viene a la memoria un verso de Quevedo: “Vivo en conversación con los difuntos/ y escucho con mis ojos a los muertos”. Y enseguida pienso en una frase que le escuche a Chesi el otro día: “un solo verso es suficiente”. Escuchar y leer requieren de nosotros una actitud parecida. La poesía y la música sirven para tomar conciencia de los sentimientos que escapan a la verborrea, para acercarnos a lo inexplicable. Por ejemplo a la inmensidad de la vida que bulle bajo los tejados de una gran ciudad. También la poesía escucha el silencio. Pronto llegará a Ourense, de la mano de Linteo, “Arte Menor” con 45 poemas inéditos de Juan Ramón Jiménez. Todo un lujo, como el de Argenta. Nunca es tarde para aprender a escuchar y nunca se sabe lo suficiente. Por eso no conviene desaprovechar a los maestros que nos visitan. Anatole France, mostrando la radicalidad de su pensamiento libre, decía: “vivimos en la oscuridad, pero mientras el sabio tropieza con una pared, el ignorante permanece quieto en el centro de la habitación”. Ya es de noche aquí. En Galicia quedarán algunas horas de luz, seguramente. Si están solos cuando lean estas líneas, deténgase a escuchar por un momento. Oirán el silencio. Merece la pena.

lunes, 28 de febrero de 2011

La escopeta nacional

Ruiz Mateos de nuevo. El penúltimo animal que tropieza dos veces en la misma piedra. La continuación del guión de Azcona y de la saga de los Leguineche. Imágenes que recuerdan otros tiempos. Los varones en primera fila, sentados a la mesa, con el patriarca relleno de botox en el centro. Al fondo, las mujeres y los niños: actores de reparto que sólo salen cuando el guión lo exige. Aires de Cernuda y Corleone. Mucha gomina y poca vergüenza.
El modus operandi, el mismo que en los años ochenta: pagarés sin solvencia, con rentabilidad muy superior a la del mercado, y trasvase de dinero de unas empresas a otras. El dinero ajeno expuesto a las tempestades y el propio a buen recaudo pase lo que pase. Caja única con eslabones financieros colocados en paraísos fiscales para, como hacen los trileros, esconder la pasta y engañar a Hacienda y a los ingenuos inversores.
Ingenuos y “listillos” del dinero fácil. O “creyentes” que comparten el fundamentalismo religioso y político de Ruiz Mateos. No será por no haberles avisado. Hasta siete veces la CNMV alertó de las prácticas “atípicas” en la Nueva Rumasa. Incluso llegó a cambiar la ley “ad hoc”. Pero los tramposos encontraron de nuevo la trampa, sustituyendo los pagarés por ampliaciones de capital en algunas empresas del holding.
Cuentan de una mujer que al quedarse viuda y recibir una indemnización de 80.000 euros, la entregó a Don José María para que se la multiplicara. Como en la parábola de los panes y los peces. El timo de la “estampita” (nunca mejor dicho) o el del “tocomocho” en la era de Internet. El santo varón nos dice ahora que “devolverá hasta el último euro y de no conseguirlo, se pegará un tiro si su fe se lo permite”. Por supuesto que no lo hará. Y tampoco devolverá el dinero, bien protegido en el opaco paraíso fiscal de las Antillas Holandesas.
Sepulcros blanqueados, creo que así se les llama en cristiano a este tipo de personajes. Un sainete más, si no fuera por los 10.000 empleos que pueden perderse. Y por la sospecha de que la tramoya empresarial del hombre de la abeja, haya podido contar con financiación preferente en alguna de las grandes entidades bancarias de este país. De esas que ahora le niegan a las pymes solventes el crédito para sobrevivir.
Pasaron los años y los ochenteros actores de la tragicomedia española de las finanzas, parecían retirados en sus cuarteles de invierno. Alguno asomaba de vez en cuando el morro, pontificando sin pudor sobre la honradez ajena en las cavernas de la nueva televisión digital. Pero, tarde o temprano, la cabra vuelve a aparecer en el monte.
Para sumarse en el paisaje patrio del esperpento a los nuevos protagonistas de los últimos capítulos de “La escopeta nacional”. Una pena que Berlanga se nos fuera antes de contar en imágenes los diálogos telefónicos de Camps y “el bigotes” -alter ego de José Sazatornil-: amigos del alma, amores de huevo, espléndidos regalos, bodas de postín con los capos engominados… Argumentos calcados a los de la genial película coral “Todos a la cárcel”, único Goya del fallecido director valenciano.
Modus operandi de libro, historias flagrantes que con frecuencia se acaban difuminando en los tribunales de justicia o pretenden blanquearse en las urnas, con la complicidad más o menos forzada de algunos líderes políticos, deudores de no se sabe bien qué. Grotescos personajes que, sin esperar a dilatados veredictos, deberían recibir de los ciudadanos el mayor de los desprecios. Para que, al menos, la cara -llena o no de botox- se les caiga de vergüenza.
El viernes 25, día en que se publicó el artículo en La Región, el PP confirmaba a Camps como candidato a la presidencia de la Generalitat de Valencia. De nuevo la doble vara de medir: implacable con la corrupción ajena y condescendiente con la propia. De nuevo el tan proclamado Codigo Ético del PP convertido en papel mojado. Hábiles, eso sí, para extender la tinta del calamar y salir "de rositas".
No es necesario para sacar de la política a un presidente indigno, un pronuncionamiento judicial definitivo. Camps mintió con respecto a sus trajes y eso es suficiente para tener que irse. Además mantuvo abundantes relaciones de amistad y camaradería (conversaciones telefónicas, etc...) con los cabecillas de una trama corrupta que ya está en la cárcel. A los que alimentó con abundantes contratos públicos de su Comunidad Autonoma, convenientemente troceados para colar a la Intervención.
No es sólo una imputación por cohecho. La gravedad cualitativa y cuantitativa no es comparable con otros casos de corrupción que recientemente se han destapado. ¿Hace falta algo más para depurar responsabilidades políticas? Una sociedad que consiente esto, está enferma de memoria y opinión. Y el "líder" de un partido que no resuelve ese esperpento, merece no ser votado jamás hasta que lo haga y pida perdón por el retraso. Por muy malo que parezca el partido adversario. ¿Qué pasa en Valencia? ¿Qué mosca berlusconiana les ha picado?

lunes, 21 de febrero de 2011

Lo que el cine nos deja

Tiene razón Alex de la Iglesia cuando dice que no se pueden poner puertas al campo. Internet es el presente y la industria audiovisual debe adaptarse a esa nueva realidad. Valiente y rotundo su discurso de converso. Como lo son sus películas. No fue un alegato contra la Ley Sinde –ya no debería llamarse así después de su aprobación esta semana con los votos de PSOE, PP y CiU-, tal como algunos han querido presentarlo, sino contra el victimismo de la Academia del Cine español.
También tuvo razón Javier Mariscal en su defensa de las salas de cine, esos entrañables lugares donde uno puede sumergirse, rodeado de silencio y oscuridad, para disfrutar con imágenes e historias nuevas. Recién salidas del proceso de creación. Pegadas a la vida. Hay cabida, sin duda, para las nuevas tecnologías, pero la gran pantalla nunca podrá ser sustituida por artilugios menores que carecen de su fuerza visual.
No me gustan los Goya y su glamour decretado. Son, como los Oscar, un montaje prescindible más allá de su valor publicitario. Pero me gusta el cine y las películas nominadas este año. Por eso después de ver las cuatro, quisiera compartir con ustedes mi personal opinión sobre ellas. Opinar con los amigos de los largometrajes que uno ha visto, es parte de la liturgia del cine. Las malas películas se ven y se olvidan enseguida. Son meros productos de consumo. Las buenas, en cambio, dejan poso. Y se hacen mejores con el paso de los días.
De “También la lluvia” les diría que es buena pero no enamora. Iciar Bollain desarrolla un guión ajeno y se nota. Le falta el alma y la frescura de “Flores de otro mundo” o “Te doy mis ojos”. Consigue mezclar con naturalidad el pasado y el presente y aproximarse de forma honesta a la vida, los sentimientos y los valores del pueblo boliviano, pero el conjunto resulta demasiado previsible y no acaba de conquistar al espectador. Magnífico, de nuevo, Luis Tosar.
"Buried (Enterrado)", es una película imposible hecha con cuatro duros. Una apuesta valiente de cine nuevo que suena a clásico. Intriga, suspense y tensión magnificamente mantenidas a lo largo de 95 interminables minutos. Un sensacional ejercicio de estilo narrativo y visual que hasta se permite algunas gotas de humor. Sólo un "pero": el innecesario recurso a la crítica sociopolítica fácil. No la necesita. Me recuerda al "Ángel exterminador" de Buñuel o a "El diablo sobre ruedas" de Spielberg.
“Balada triste de trompeta” es una apuesta arriesgadísima. Un vómito. Todo lo que el director es, siente y piensa en una trepidante mezcla de ángeles y demonios. Sin solución de continuidad, brotan de ella sueños, esperpento, lirismo… “Golpe a golpe, verso a verso”, como la España eternamente rota. Un desnudo integral rebozado en la intemperie del barro. Así, tan bajo -o tan alto-, ha decidido caer el director. Sólo por eso merece todo el reconocimiento. Aunque en ese viaje no pueda permitirse pausas que empujen al espectador al vacío de la perplejidad. O a la duda de la tomadura de pelo. Valiente y libérrima, en todo caso.
“Pa negre” demuestra que una película rodada en catalán –o en gallego, si fuera el caso- puede verse con total naturalidad en cualquier lugar del Estado español. De arrolladora personalidad visual, realista y desgarradora. La miseria de la guerra, de los vencedores y los vencidos. Los sórdidos secretos, el misterio del bosque, la corrupción de una comunidad rural que sólo la mirada de los niños puede conjurar. Una compleja trama que se desvanece en el tramo intermedio de la historia. Pero que finaliza, de forma magnífica, con el perdón de la memoria en el espacio donde, desde la verdad, todos son víctimas. Hasta los culpables. Soberbia.
Cine español de gran pantalla. Películas que nos dejan pensamientos y sensaciones.